jueves, 28 de abril de 2016

Here we go again

Lo mejor que se puede decir de esta legislatura es que se ha acabado. Ya nos sobraba todo. La política española había entrado en esa fase negacionista tan propia de esos grupos sociales donde todos se conocen demasiado porque acumulan un exceso de convivencia y donde siempre se repite la misma conversación.

- ¿Habéis hablado con menganito? – pregunta alguien.

- No -contesta alguien-. Pero a la primera ocasión que tenga hablo con él. Me cae muy bien. Es una gran persona y nos entendemos de maravilla. Yo soy amigo suyo desde siempre pero….

Y ya sabes que a continuación de ese "pero", inevitablemente, viene la relación de traiciones y crímenes contra la humanidad que se le imputan a menganito y que, además de horrendos, resultan imperdonables. Si el cinismo tiene un limite, la política española lo desconoce.

Las ruedas de prensa de todos los candidatos ya parecen terapias de grupo. El líder comparece jaleado por su prensa afín para recordarnos hasta la extenuación que él es el mejor, tiene toda la razón, jamás se equivoca y toda la culpa recae en los otros. Si la humildad es una virtud, en la política española hace tiempo que no se pone a prueba.

Ahí vamos otra vez. Desde ayer ya no es necesario ni guardar las formas. La prueba de que ya estamos en campaña la aporta tener que soportar ese lamento predemocrático sobre lo caras que salen las elecciones y lo inútiles que resultan las campañas.

Se ha malgastado una oportunidad para recuperar la normalidad del pacto y el acuerdo entre opuestos en nuestra cultura política, pero bienvenida sea igualmente. Si no fue a la primera, será a la segunda. A ver si, al menos, esta vez los candidatos hacen un poco menos el memo en televisión y dedican algunos minutos más a tratarnos como votantes inteligentes, capaces de entender problemas difíciles y políticas complejas.

Han cambiado muchas cosas y aún cambiarán más hasta el día de la votación. Pero cuando pase la noche electoral y baje la adrenalina, el 27 de junio, habrá algo que continuará exactamente igual que estaba. Para sacar adelante las profundas reformas políticas, económicas, e institucionales que precisa un país urgentemente necesitado de regeneración y con una ciudadanía políticamente plural el camino seguirá siendo el mismo: o la izquierda negocia el acuerdo de una parte sustantiva de la derecha, o la derecha negocia el acuerdo de una parte sustantiva de la izquierda. Y eso no es culpa de nadie, ni siquiera debería suponer un problema.




Castigos por rebote




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No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz.

Bertrand Russell



En España eso del 'honor ofendido' es la reacción aturdida y en plan muelle de toda denuncia en las altas esferas de la casta. Es tremendo comprobar cómo se puede llegar a perder la visión objetiva de uno mismo ante una denuncia sobre las consecuencias de los propios actos. En una sociedad madura, de individuos razonablemente sanos, ante una denuncia como la que se ha hecho a J.L. Cebrián, el magnate gestor de Prisa (El País y la SER), por parte de medios como El Confidencial y eldiario.es, se supone que lo primero no es saltar como un muelle contra los denunciantes, sino mirar hacia lo que de denunciable pueda haber en la propia conducta denunciada y desmentir el hecho con pruebas convincentes, no con rabietas descalificadoras y despidos como venganza, tal como ha sucedido con Ignacio Escolar, al que el gran hermano de Prisa ha expulsado y privado de sus colaboraciones en la SER, como réplica a su "honor" ofendido.

Con ese tipo de reacción irreflexiva y visceral se corre el riesgo de cometer un verdadero disparate que acabará por evidenciar y añadir al lote del disgusto, un nuevo agravante: las prisas y la ansiedad por tapar algo, que si no existiese no sería necesario sofocar con tanta "prisa", valga la redundancia, acusando al mensajero por comunicar la mala noticia inicial. Tal vez, lo que Cebrián tendría que trabajarse mucho más que devolver el golpe a la prensa que cuanta lo que hay, es aclarar la verdad. ¿Por qué tiene que ser él el responsable de los mejunjes financieros de una ex? ¿Acaso la actual mujer de Felipe González no tiene también implicaciones panameñas y el marido no ha dicho ni mú ni se ha inmutado por el asunto? 
Con esa hiperestesia agresiva intentando vengarse del mensajero en vez de asumir la verdad de lo que haya, con serenidad, el periodista que fundó El País está demostrando que, no solo ya no es el mismo amante de la verdad informativa de otros tiempos, sino que además su actitud tiene todas las trazas de ser una tapadera de algo indigno. 
En España las reacciones más exageradas de los corruptos son las de aquellos que tienen mucho que ocultar y emplean las denuncias en réplica como ceremonia de la confusión y polvareda entretenedora con enturbiamiento de la atención mediática. Mientras se habla del despropósito de  la denuncia contra Nacho Escolar, no se habla de los contactos panameños y asuntos turbios del denunciante. 
Lo decente sería dejar que la verdad se sepa y asumir las consecuencias, pero esa sabia y honesta forma de hacer las cosas en España no es virtud, sino desdoro de la imaginería. En un país donde todo depende de la imagen, lo importante no es ser decente reconociendo la propia indecencia, que es el único patrimonio que podría rehabilitar a un corrupto, a un vivales o a un pícaro, aquí le llamarían imbécil y nadie querría confiar en él como colaborador. Esa  des-educación católica que corroe la ética personal y la moral social en favor de las rutinas dogmáticas, nos impide asumir en público nuestras zalagardas, que quedan relegadas al secreto de confesión y cuando ya no se cree en nada más que en el dinero y en el poder como único diunvirato de la divinidad, lo que queda es "el secreto de comisión".

Si Cebrián fuese un empresario de altura ética y quisiera lo mejor para su proyecto, precisamente por lo que acaba de hacer, seguiría contando con Ignacio Escolar como colaborador fijo y asiduo de su emisora; es un verdadero lujo disponer de un profesional capaz de publicar hasta los trapos sucios del mayor y más señero gerifalte de la empresa donde coopera asiduamente. Eso significa que es un periodista honesto que ante la verdad no se encoge ni se casa con nadie. Un periodista excepcional, sobre todo aquí, en este rincón de la Europa más rancia y pringosa, donde la transparencia objetiva de la información no sólo no es una virtud casi desconocida, sino un gravísimo defecto que puede fastidiar la carrera profesional de los osados periodistas que se emperren en tener conciencia clara y no atragantarse con la verdad cuando viene a caer sobre jefes y prebostes de los que se depende para que no pongan zancadillas a la hora de encontrar un trabajo digno en un medio igualmente digno. Y la miseria generalizada se trasmuta en invitación constante a comulgar con ruedas de molino con tal de no perder trabajo, dineros, prestigio-barniz o privilegios. Son cosas de mugrelandia. Primero mi negocio, mis cosas y luego, lo demás, siempre que me suponga sacar algo contante y sonante para mí. Lo del bien común, mejor para los utópicos. Así nos va. 
Por eso, precisamente, el pp, tras cuatro años que han sido siglos hacia atrás,  está gobernando en funciones sin que nadie ni nada lo impida, habiendo masacrado la economía y dignidad de la ciudadanía y reducido la sociedad a un estercolero moral. Y acusando a sus denunciantes, en vez de dar cuenta de su corrupción y devolver lo que se ha llevado del dinero público por latrocinio directo como por irresponsabilidad prevaricadora. 
El pp tiene los mismos métodos que Cebrián. Ambos actúan igual ante lo mismo. Intentando matar al mensajero que pone sobre la mesa la verdad de los hechos. Ya lo hicieron con el juez Garzón en su día. Esperemos que ahora - con la condena de los delincuentes que le denunciaron para favorecer al pp y a su Gürtel,- le devuelvan su profesión y el Estado le compense, con el dinero que debe pagar  como multa el pp, por haberle convertido en víctima de una trama mafiosa como "Manos Limpias". 
Esperemos que, esta vez, la Justicia sepa, también en el caso Cebrián versus Escolar, distinguir entre la verdad y la manipulación de la mentira. Y que obre en consecuencia sin que la denuncia contra el director de eldiario.es tenga ninguna consecuencia negativa para él. Y que si la ex de Cebrián está pringada en Panamá asuma su historia y que si Cebrián está igualmente pringado asuma la suya y deje de salpicar basura contra quien simplemente publica unos hechos, que si no fuesen verdad, no tendrían el poder de desencadenar una reacción tan histérica como desproporcionada en un hombre tan curtido y experimentado en el terreno de la información bien gestionada. ¿O tal vez no es así y simplemente, ahora va a resultar que  El País, ese diario que nació para facilitar la llegada de la democracia y las libertades a un pueblo en transición desde las cavernas a la luz, se ha convertido en un compendio de recursos que faciliten el periodismo del apaño, como un ejemplo más que evidente de "la fabricación del consentimiento" y por eso eldiario.es, con Escolar, su fundador, es un estorbo?

España viene siendo una metáfora devastadora con sabor a coñac, cuanto más viejo, más tóxico para la salud y con más capacidad de emborrachar pardillos, ya no se sabe qué hacer con tanto fundador, veterano y soberano añejos. La solera por antigüedad vale si está sana y es sabia, pero es letal si está enferma de sí misma, padece una grave egopatía que la ha dejado ciega como un topo y sorda como una tapia; no hay que olvidar que los años aumentan tanto la virtud si la hubiera, como multiplican  el tamaño y cantidad de los defectos si no la hay; virtud, claro.


                                             27 abr.
Revista Mongolia Retwitteó MALDITA HEMEROTECA
Justo.
Revista Mongolia agregado, 


La verdad se fortalece con la investigación y la paciencia; la falsedad, con las prisas y la incertidumbre. 

Tácito 


 P.D.
Personalmente y por solidaridad con eldiario.es e Ignacio Escolar, creo que pasaré una temporada sin comprar, leer ni escuchar nada de lo que edite la empresa del señor Cebrián. Y dependerá mi interés por volver a ser su cliente, de cómo esa empresa,  sus trabajadores y socios capitalistas, reaccionen ante este entuerto impresentable. El silencio ante la injusticia, es simplemente, complicidad por miedo y/o intereses. Aunque teniendo en cuenta quién manda en lo más alto y marca tendencia, Berlusconi, no creo que la cosa vaya a tener demasiada importancia en ética informativa. De casta le viene al galgo. Me pregunto cómo habría sido esta historia si Prisa no hubiese sido fagocitada por Mediaset. ¿Qué habría pasado? Chi lo sa...


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miércoles, 27 de abril de 2016

La voz de Iñaki


foto de la noticia

La culpa fue del chá-chá-chá

EL PAÍS  

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No sé si el concepto 'cha-cha-chá' tendrá que ampliar su espectro sinonimista desde ahora. Pero lo que está cada vez más claro es que hay motivos sobrados para esa ampliación. O sea, la culpa fue/es de la cabezonería, del ego, del miedo, de la miopía política, del honor político-sectario visto como mejunje 'honorable', de los bajos fondos del poder más tonto, del canguelo infantilón, del cinismo estúpido, de los complejos de todo y de  nada, de la inmadurez de los aprendices de brujo que, superados por lo que no entienden ni valoran ni asimilan, emplean las fórmulas mágicas al revés y montan pollos alucinantes con elementos estupendos en sus manos, pero con los que no dan una y si la dan, la dan en falso y en plan borderline. O sea, la culpa fue de la mediocridad. Que es el conjunto de mediocres reunidos con el fin de que no haya manera de nada digno de provecho decente.
No hay nada peor que mediocres capitaneados por mediocres y emperrados en ser la reserva regeneradora de algo o el emporio auto-forristico de ese algo, donde ya ni siquiera queda algún referente de mejor laya al que recurrir. Cuando la mediocridad se sube al estrado, se hace con el mando del caos, cuando se tira la toalla social por agotamiento de la paciencia, cuando ya ni siquiera se la toma en serio y, además, en un acto desesperado de indiferencia suicida, se deja en sus manos hasta la gestión de un Estado en funciones disfuncionales, apaga y vámonos. 
Esto no es la marca, sino la lacra España per se. O sea, por medio de sí misma y para sí misma. Medio y sistema en un mismo pellizco de incompetencias múltiples. El desastre andando, como decía mi padre. 
Hay algo más: una gran parte de la ciudadanía, que aún no ha dicho la última palabra. Y, ya en la tesitura de estar hasta la coronilla, también  calienta  motores a base de la tralla que está recibiendo por parte de tantos "salvadores" incapaces de salvar nada más que sus egos y sus soberbias de catecismos varios. Y será esa ciudadanía la que con tantos masteres prácticos y tantos estacazos recibidos, dirá la última palabra. En las urnas. Y en la calle. Sí, en la calle y casa por casa, en la parada del autobús, en la estación del metro mientras llega, en la cola para pagar en el super, en el sillón de la peluquería, en la barra del bar pidiendo un agua mineral para que las neuronas se mantengan en su sitio y no confundamos conceptos y palabras; en las colas del paro, en las salas de espera y desesperos, en la cola del banco de alimentos, en el corrillo del centro de acogida del barrio, en la frutería,  en el quiosco de la esquina, en el semáforo mientras esperamos y cruzamos juntas el Rubicón de ese cansancio eterno que produce una patria que nadie sabe lo que es hasta que le toca pagar a Hacienda o morirse por falta de tratamiento y atención médica, explicando a uno por uno en qué pozo séptico estamos ahogando el presente y el futuro, así, en las aulas de la calle, de las plazas, del àgorá, tendrán que librarse las últimas batallas de la dignidad y de la decencia con las que derrotemos y dejemos con las vergüenzas al aire a los sofistas embaucadores que hasta ahora se las han arreglado tan rebién para vendernos las cabras locas como chollos renovadores o tradicionales apócrifos. No ya de las ideologías de guiñol, que manipuladas por cretinos y aprovechados, acaban de hacer aguas mayores y menores, o sea de cagarla a tutiplén. Iñaki lo ha dicho con más delicadeza y elegancia, que son muy de agradecer, pero hay veces en que la realidad política de un país necesita ser definida si eufemismos, como lo que es: una mierda. Una mierda inconmensurable. Repugnante. Infinita. Inagotable. Omnipresente. Todopoderosa. Aplastante. Desesperante. Una real mierda. Una mierda real como la mierda misma. 
Dice Iñaki que esto es cosa de vientre descompuesto, y tiene razón, pero hay veces en que la realidad deja opacas y ninguneadas a las mejores metáforas. Y sí, la culpa también es la música perrera de esa ecuación en modo  cha-cha-chá:chalaneo+chanchullo+chapuza=corrupción+ruina+desastre.
Como siempre, para que la historia se conserve intacta. Por los siglos de los siglos. Amén.

P.D.
Pero quizá esta vez no les salga gratis la tomadura de pelo, les va a costar más esfuerzo. Quiza por una vez en sus hemicíclicas vidas se tengan que ganar el pan del mangoneo con el sudor de sus frentes. Y el Psoe, en concreto, puede que acabe como  el rosario de la aurora y no vuelva a levantar cabeza en plan Pasok, después de la ridícula apostasía de Pedro Sánchez y de los remilgos y rebufos de tanto baronesado sin norte. Tiempo al tiempo. Y para terminar el acertijo del día: ¿Cuándo se equivocó Pedrito: cuando llamó indecente a Rajoy o cuando se ha arrepentido de ello? 
Qué manera más tonta de rematar un hara-kiri. Psoe, carinyet, si vas a suicidarte, al menos procura hacerlo con estilo, hombrepordiós, y no de aquesta guisa innoble más propia de malandrines hijos de mala madre tonta que de medianamente lúcidos hijosdalgo, d'algo más que de intereses cada vez más raros, sospechosos y atufantes. Ufffff...qué ppeña.
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martes, 26 de abril de 2016

CANCIONERO DE SILVIO RODRIGUEZ - Si seco un llanto

¿Iglesias contra la prensa?


Podemos abre la precampaña con críticas al PSOE-C's y con la mano tendida
Pablo Iglesias atiende a los medios en un acto de su partido. EFE 

 
Pablo Iglesias cogió su micrófono y dijo: "Tengo que evitar que Álvaro Carvajal, que es un periodista, me saque un titular del tipo 'Pablo Iglesias: Vamos a hacer que España se masturbe con nosotros'. Y eso no es fácil (…). Otro posible titular de Álvaro Carvajal: 'Pablo Iglesias alienta el linchamiento de un periodista de El Mundo en la Universidad Complutense'(…). Álvaro Carvajal o alguien que no fue Álvaro Carvajal o fuentes internas de Álvaro Carvajal vino a contar una vez… Digamos que la historia no tiene por qué ser verdad, pero como tantas cosas que se publican (…). En El Mundo es imposible colocar en la portada que Podemos lo hace todo muy bien. Tengo que colocar noticias que digan que Podemos lo hace todo fatal…".
A mí me preguntan estos días y respondo: mal. Pablo Iglesias se equivocó con este discurso. Ahora bien, ojo porque hay tema. Existen unas cuantas razones para debatir y mejorar la situación del periodismo en España. Claro está que el camino no puede ser señalar a un redactor y ante un auditorio lleno, provocando incluso la carcajada en torno a él. Es posible que Iglesias quisiera hacer una intervención graciosa, pero el asunto es mucho más serio que ese señalamiento al reportero por parte de un líder político. Por eso se ha disculpado.
El periodismo en España acusa un aumento de la precariedad, es una buena herramienta para achantar a sus trabajadores, temerosos de perder el poco empleo de periodista que hay
Puede ocurrir que al secretario general de Podemos le traicionara querer quedar simpático, en la búsqueda de esa medida para no parecer un tipo cabreado. Puede pasar que a veces Iglesias no valore bien que ya no es un contertulio o lo mismo ni siquiera quería entrar de lleno en el espinoso tema de la libertad en los medios. Pero entró. Sí es verdad que se están publicando noticias falsas. Que hay, a veces, un "calumnia que algo queda". Como también ocurre desgraciadamente en la política. Y es grave.
Hay otro lastre aún de mayor gravedad. El periodismo en España acusa un aumento de la precariedad. Es una buena herramienta para achantar a sus trabajadores, temerosos de perder el poco empleo de periodista que hay. Es algo que coarta la libertad. Los despidos, la bajada de sueldos, el aumento de las jornadas de trabajo, las becas y contratos en prácticas interminables, los falsos autónomos, venderse, "apesebrarse"… A esto se le suma el intrusismo y una búsqueda y mantenimiento del empleo más ligada a "tener contactos" que al mérito, como tantas veces ocurre en nuestro país. Así nos va.
Como madre del cordero, existe una preocupante intromisión política en la libertad de prensa. Para lo que conviene. Se ve a menudo en la falta de pluralidad de los medios públicos, que no respetan que los pagamos todos y no el partido de turno, o en el arbitrario reparto de licencias de radio y televisión en los privados, a veces con más conveniencia política que fundada en otros factores como la creación de puestos de trabajo. Y, por supuesto, hay listas negras de periodistas, que se quitan, se ponen y son amenazados. Algunos políticos incluso lo han hecho y ahora se rasgan públicamente las vestiduras con el caso de Pablo Iglesias y Álvaro Carvajal.

La voz de Iñaki


foto de la noticia

Noticias del mundo (que sigue existiendo)

EL PAÍS 


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Vaya que sí. El mundo existe. Ya lo creo. Como un holograma inmenso que reproduce el modelo básico  y lo amplía, tal como se reproducen las ondas en el agua cuando se tira una piedra. Como las cajas chinas o las matrioshkas rusas. En la antigüedad ya se perfilaba su condición ambivalente: mundus maior- mundus minor en el nudo inevitable de lo total.  El mundo extenso y el mundo intenso. El mundo periférico y el mundo de la profundidad. El mundo de lo múltiple y el mundo de una pieza. Ahí nos movemos. Intentando comprender un equilibrio que nos supera y que con frecuencia no acabamos de percibir y se escapa. Pasamos nuestro tiempo eligiendo sin pensar, como combinar lo mejor posible la experiencia de percibir lo inmenso sin perder el tacto y la conciencia de lo próximo, para descubrirnos envueltos por lo que nos desborda y al mismo tiempo empapados por el fluido esencial de lo apenas perceptible e íntimo, e incluso por aquello que ni siquiera nosotros conocemos de nosotros mismos, eppur si muove en lo más hondo. Y en esas, pretendemos llegar más allá. El mundo y nosotros. 
¿Qué es el mundo para un agricultor, qué es el mundo para el médico o la enfermera rural que trabajan durante todo el año en diez pueblitos del Pirineo o de la Serranía de Cuenca, de esos que en invierno se quedan aislados y son el único vínculo externo de los ancianos y enfermos de la zona? ¿Qué será  el mundo para un ministro de Asuntos Exteriores, para el presidente de una gran empresa multinacional o para Christine Lagarde que controla el FMI? 
¿El mundo es nosotros o nosotros somos el mundo? ¿O el mundo es una entelequia, o un lugar común, pero distinto para cada ser humano, según sus circunstancias? ¿Acaso está desconectado o conectado todo lo que sucede y tarde o temprano comprendemos que el mundo es un tejido vivo donde todo está en contacto se quiera o no? 
Parece que últimamente el mundo se nos está quedando canijo para tantos afanes, con tanta especulación, tanta guerra santa y profana, descarada y de tapadillos y tanta cloaca. Será que por eso lo tenemos hasta en la sopa. La aldea global de Mcluhan en todo el esplendor de sus miserias globalizadas. Una chanfaina incomible. O como lo define José Luis Perales en una de sus canciones: este mundo loco que se va muriendo poco a poco, entre el poder y la mediocridad. A ver si se muere del todo y con lo que vaya  quedando disponible nos montamos algo más decente, más grato y hospitalario que esta jaula de orates histéricos, donde a los lúcidos sólo les queda refugiarse en Cervantes y en su Don Quijote. Una premonición metafórica del mundo actual, tan trastornado como el de hace cuatrocientos años pero con mucha más gente alienada, como prolongación del móvil, de las pantallas de lo que sea y delirando tontunas, sentencias, sustos, mentiras, fobias y filias por twitter y por el guasap. ¿Qué le vamos a hacer? 
Nunca sabremos si existe de verdad o simplemente nos lo estamos inventando y dándole ínfulas de existencia a cada instante mientras seguimos la rutina de nuestras propias obsesiones hasta convertirlas en temazo machacón y tendencia fashion por las redes.

Lo único que nos queda es el trompazo mundanal de cada día entre la prensa, radio, tv y la materialidad de las personas normales y sus/nuestros problemas concretos y candentes, más la certeza de que sea lo que sea, con el mundo hemos topado, Iñaki.Y  a ver qué hacemos con él, mientras tratamos de evitar que él haga lo que quiera con nosotros. Ains!