En estos tiempos tan azarosos, quizás sea bueno detenernos unos
instantes a reflexionar sobre lo que nos pasa. “Todo fluye, somos y no
somos”, aseveró el filósofo griego Heráclito de Éfeso unos quinientos
años antes de que naciera Cristo. Muchos siglos después, un poeta
español, Antonio Machado, abundaría en ese pensamiento: “Caminante no
hay camino, sino estelas en el mar”. Los seres vivos (los humanos entre
ellos) somos poco más que un suspiro en el ciclo constante del tiempo y
el espacio. Quizás por ello, necesitamos sentirnos perdurables. Esta
ambivalencia nos plantea dos alternativas: legar un recuerdo para aquellos que pueden valorarlo, o sumirnos en el olvido,
consiguiendo, por fin, la calma absoluta, pero sin dejar huella para el
día después. Lo primero supone un compromiso por este mundo y su
permanencia; lo segundo, la indiferencia por lo que acontecerá a quienes
nos sigan.
Siendo la vida esta disyuntiva, deberíamos afrontarla con
solvencia y avanzar con sosiego hacia el hecho cierto de la muerte, con
la convicción de haber hecho todo lo necesario para que nuestros
semejantes hayan vivido como pretendemos nosotros. Es decir, concluir nuestra andadura con la tranquilidad de conciencia de que hemos aprovechado ese tiempo,
de modo que, como dijera Séneca a Lucilio, la muerte como “necesidad
equitativa e ineludible” la afrontemos “sin aborrecer la vida”.
Sin embargo, creo que, en el 90% de los casos, las guerras y la
violencia demuestran a lo largo de la historia que desperdiciamos la
vida humana, privándola de sueños que no llegarán a ser, llenándola de
infancias arrebatadas y de esperanzas truncadas y perdidas. A cambio,
solo obtenemos una enorme cosecha de dolor, como hoy ocurre en Gaza,
donde la barbarie ha hundido sus garras inhumanas para hacer más profundo el daño de una venganza sin sentido que,
por lo demás, nunca aliviará la primera ofensa. Y al igual que en esas
tierras, vemos lo mismo en otras, en cualquier lugar del mundo.
El poeta argentino Roberto Juarroz describió con exactitud en su Poesía vertical VI, la falta de fe en el futuro:
“El cielo ya no es una esperanza,
sino tan sólo una expectativa.
El infierno ya no es una condena,
sino tan sólo un vacío.
El hombre ya no se salva ni se pierde,
tan sólo a veces canta en el camino”.
A pesar de todo ello y de la vulnerabilidad de nuestra
existencia, seguimos enzarzados en disputas estériles y anodinas, en
discusiones bizantinas y ataques o descalificaciones absurdas, a la vez
que perdemos la posibilidad de obtener la felicidad a la que tenemos
derecho. Por esto, desprecio a quienes, día a día, destruyen la convivencia sin aportar ninguna alternativa para conseguir mejorarla;
a quienes se aprovechan de la bondad de las buenas gentes para
manipular, mentir y controlar a los que han puesto su confianza en sus
decisiones; a quienes, desde el mundo de la política, la economía, la
comunicación o la justicia, anteponen sus propios intereses al bien
común del pueblo.
El optimismo
Estos sujetos son quienes aniquilan toda posibilidad deempezar de nuevo, de sanar las heridas sociales abiertas,
por ejemplo, en una campaña electoral, atrincherándose en un bucle de
acusaciones, insultos y amenazas, que solo aportan dolor e
incertidumbre. Entre ellos, ocupa un lugar preeminente la ultraderecha
que, organizada internacionalmente, mantiene una estrategia para acceder
al poder, en todos los países en que sea posible. Lo hacen apoyándose
en aliados de una derecha en apariencia más moderada, cuyas ansias por
llegar a ostentar el mando o por recuperarlo hacen que se asocie con el
diablo, de ser preciso y baile al son que este les marque. Mientras
tanto, las libertades se van apagando y los derechos se muestran cada vez más esquivos, con lo que perdemos gran parte de nuestras opciones de ser felices.
En esta tesitura, analicemos el concepto de felicidad. Según
Aristóteles, es aspirar al bien definitivo y deviene en el fin supremo
de la vida. Para Leibniz consiste en asumir que este mundo es el mejor
porque no hay otro posible; en tanto que, para Voltaire, sería aceptar
que todo está bien cuando está uno muy mal. Con estos planteamientos, es
muy difícil ser optimista. Especialmente a la manera del
filósofo David Hume (siglo XVIII), que se definía a sí mismo como
optimista y defendía que poseer esta naturaleza “vale más que un
abultadísimo patrimonio”; claro, hasta que te das cuenta de que no lo
tienes. Tampoco lo ponen fácil los melioristas que en pleno
siglo XIX sustentaban que el mundo se podía mejorar, siempre gracias al
esfuerzo personal, extremo matizado por Karl Marx, según el cual el optimismo se traduce en la previsión científica de una futura sociedad comunista, el esfuerzo colectivo y el conocimiento de las leyes de desarrollo social. Tampoco esta máxima marxista me convence.
Y el pesimismo
Pero si estas doctrinas no nos dan el resultado que pretenden,
tendremos que convenir que el optimismo no puede ni debe gobernar el
mundo porque, como afirma el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, el optimismo tiende a tener efectos negativos en la salud e, incluso, podría atentar contra la misma existencia del ser humano.
Para llegar a tal conclusión, el pensador se basa en que acentuar la
positividad puede llevar a negar los problemas y a desatender aspectos
importantes de la vida, advirtiendo que los optimistas deben
tener cuidado ya que, si mantienen esa actitud, pueden sufrir presión
psicológica, incrementando la sensación de fracaso o culpa.
A partir de aquí, realizo mi propia introspección y llego a la
conclusión de que ni soy optimista al modo de Hume, ni pesimista a los
niveles de Chul Han. Eso sí, reconozco que mi presión psicológica aumenta con los gritos y alaridos estentóreos de algunos comunicadores en
los medios o los de un sector de políticos en el Parlamento, o con
determinadas resoluciones judiciales marcadas por el interés político de
quien las dicta y el sinsentido jurídico que las determina, cuando no
debería ser así. Por ello, me encuentro mucho más cómodo con la visión
del Premio Nobel y amigo José Saramago, quien no admitía ser pesimista,
sino que aseveraba que el mundo es en sí mismo pésimo, añadiendo que los
únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, pues los
optimistas “están encantados con lo que hay” y viven de las rentas.
Ideas nuevas
Ante esta disyuntiva, ¿qué criterios debemos atender para que la elección sea la acertada? Opino que entre los valores más necesarios para nuestra convivencia feliz se encuentran la justicia,
la bondad y alguna dosis de caridad para engrasar las costuras de lo
indigno. Para Saramago este era un asunto claro y así lo dejó escrito
en Los cuadernos de Lanzarote: “Si a mí me mandasen disponer
por orden de precedencia la caridad, la justicia y la bondad, el primer
lugar se lo daría a la bondad, el segundo a la justicia y el tercero a
la caridad. Porque la bondad, por sí sola, ya dispensa la justicia y la
caridad; porque la justicia justa ya contiene en sí caridad suficiente.
La caridad es lo que resta cuando no hay bondad ni justicia”.
Mi problema es que, desde esa visión, me cuesta mucho ser
caritativo. Si no veo bondad ni justicia, me indigno, pues temo la
aparición de la impunidad. Eso pasa cuando has vivido demasiadas malas
cosas y has constatado la existencia de innumerables víctimas. Y al
comprobar que la justicia existe en muy pequeñas dosis, alejada de la
bondad y por supuesto de la caridad, bordeando con ello la indignidad de
la manipulación y la instrumentación para ajustar cuentas, ya sea anulando nombramientos dignos o favoreciendo confrontaciones políticas que alteran la convivencia, cuando debería pacificarla.
Esto me lleva a explicar por qué escribo hoy en estos términos
en apariencia tan serenos. Sucede que estoy muy enfadado. La perversidad
nos rodea marcando de manera indeleble a quienes perjudica.
Esta enfermedad acecha, destroza a la juventud y a las buenas
personas. Las acciones de ciertos jueces, colegas de hace tiempo, me
llevan al desengaño con mi vocación profesional. La muerte de seres
inocentes causada por la ambición, el terror, la disputa de un
territorio, o simplemente porque sí, me duele profundamente. Siento impotencia por la pasividad frente a los que utilizan la política y la justicia para conseguir el dominio
a costa de la verdad y del deterioro de la convivencia. Me preocupa que
la ultraderecha gane cotas de poder por la desesperación de muchos que
creen ver una solución en ella, cuando, en realidad, con su avance se
desmontan derechos y se agrede a las víctimas, que somos todos.
Sí, estoy muy enfadado, por eso me sumerjo en las reflexiones de
los que han pensado ya en todas estas cosas, que datan de hace siglos
o de los últimos años. A ver si con este viaje por el conocimiento, con
la ayuda de la poesía y mediante la reflexión y la acción común con
todos ustedes, nacen ideas nuevas que nos lleven a ver la vida lejos de la melancolía,
quizás con ese pesimismo positivo que les decía y que, creo, puede ser
el camino para el cambio y para superar los malos tiempos.
Hago mías, hasta entonces, las palabras del poeta cubano Alexis Valdés:
"Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado”.
__________________________
Baltasar Garzón es jurista y autor, entre otros libros, del ensayo 'Los disfraces del fascismo' (Planeta).
Juan Bautista Say (1767-1832) fue un rico empresario
francés y el economista más leído y famoso de su época. Lo segundo,
gracias a la enorme difusión que tuvieron sus manuales y tratados, los
más utilizados en las escuelas de economía que en aquel tiempo comenzaron a proliferar en toda Europa para difundir las ideas liberales.
El traductor de la primera edición en español de su Tratado de Economía Política, Juan Sánchez Rivera,
así lo reconocía cuando lo presentaba como una obra “ya clásica en
todos los países de Europa” y adoptada con “aprobación y consentimiento
universal” para “la enseñanza de un ramo del saber que por desgracia de
la humanidad se ha cultivado muy poco hasta estos últimos tiempos”.
Lo que se decía en los manuales de Say -los más conocidos, como digo-
o en los de otros economistas de la época, se consideraba la nueva luz
que iluminaría el progreso de las naciones. También lo señalaba así el
mencionado traductor: “¡Cuántos errores! ¡cuántas calamidades se habrían
evitado a los pueblos, si los que han estado hasta ahora encargados de
su gobierno, hubiesen meditado y aplicado a la práctica los principios
invariables y eternos de la importantísima ciencia de la Economía
política!”.
Sin embargo, detrás de esos principios “invariables y eternos” que
defendían aquellos economistas, y que durante tantos decenios han
servido de guía a docenas de gobernantes, había convicciones que la
historia nos ha demostrado que eran profundamente equivocadas y erróneas. Y no me refiero solamente a las puramente ideológicas.
El propio Juan Bautista Say, el economista, como he dicho, más leído e
influyente de su época, proporciona un buen ejemplo de esto último en
otra de sus obras; esta más monumental y menos divulgada, el Curso de
Economía Política práctica (1828-1829). En la página 170 de su segundo
volumen puede leerse lo siguiente: “ninguna máquina hará nunca, como lo
hace ahora hasta el peor caballo, el servicio de transportar a las
personas y las mercancías en medio del gentío y el tumulto de una gran
ciudad”.
¿Se podía tener una idea más lejana y desacertada de lo que iba a ser
la realidad de la economía y la sociedad unas pocas décadas después?
No quiero quitar mérito al economista francés. Su error de previsión
lo pudo tener cualquiera, porque ningún ser humano es capaz de imaginar
lo que la humanidad puede conseguir, con el paso del tiempo, cuando los
seres humanos aplicamos nuestra inteligencia y voluntad a resolver los problemas sociales, en lugar de a crearlos.
Simplemente quiero llamar la atención. Quienes ahora tienen el poder, o
marcan las tendencias del pensamiento y la opinión pública en favor de
los poderosos, también nos hablan con mucha seguridad sobre el futuro.
Como si lo conocieran, haciéndonos creer que saben perfectamente lo que
puede pasar y, por tanto, lo que todos hemos de hacer para enfrentarnos
al día de mañana.
No les hagan caso. Saben tanto de lo que realmente puede suceder con
el paso del tiempo como sabía Juan Baustista Say sobre el futuro de los
medios de transporte. Lo que pretenden es que no actuemos,
convenciéndonos de que ya está todo escrito y que nada se puede cambiar.
Algo completamente falso pues, como escribió Karl Popper, “el futuro está abierto“ y “nuestro deber no es profetizar el mal, sino más bien luchar por un mundo mejor“.
Resuelta la investidura de Pedro Sánchez y constituido el nuevo gobierno de coalición progresista a Sumar se le plantea el difícil desafío político-organizativo que supone pasar de ser un movimiento de carácter coyuntural (responder
a los desafíos electorales) a una organización con responsabilidades de
gobierno. Y hacerlo en los inicios de una legislatura bronca y
complicada por la oposición frentista del PP, Vox y los poderes fácticos (empresariales,
financieros, mediáticos, culturales, judiciales, religiosos) y la
escasa fiabilidad de los apoyos independentistas. Su mayor dificultad
estriba en la pluralidad de partidos y organizaciones de la izquierda
alternativa que conforman Sumar, con sus lógicas diferenciales. La manifestación más clara de esas dificultades es la conflictiva relación con Podemos,
agudizada tras su exclusión del gobierno, una confrontación de
imprevisibles consecuencias. Eso en el plano organizativo. En el
político la dificultad estriba en encontrar un común denominador que
le permita a Sumar actuar con una sola voz sin que eso suponga la
pérdida de la enriquecedora pluralidad interna. Pues bien, la
experiencia demuestra que para lograrlo es necesario dotarse de un
(nuevo) modelo teórico, entendido como el conjunto
sistematizado de herramientas conceptuales que facilita la comprensión
y, por tanto el manejo de la realidad (capacidad predictiva), y no una guía a modo de catálogo sobre el mobiliario del sistema. Todo modelo teórico incluye una descripción del sistema socioeconómico y su comportamiento (hipótesis con base empírica) que indica cómo lograr los objetivo políticos estratégicos, de forma que los resultados permitan comprobar su consistencia interna e irla reajustando en un proceso adaptativo (prueba-error). Es decir, el modelo teórico es una interpretación probabilística de la evolución del sistema, un predictor de
las posibilidades de alcanzar los resultados esperados, lo que
dependerá tanto de la actividad interna de sus componentes (lucha de
clases e intereses), como de las variables ocultas generadas en el propio proceso, que determinan su nivel de incertidumbre. De ahí que la primera exigencia sea que el modelo teórico se fundamente en el conocimiento científico, en este caso el que aportan las Ciencias de la Complejidad [1], y no en entelequias idealistas (el pueblo como sujeto hegemónico) que reducen la dinámica complejidad social a la estática identidad
tribal (pueblo español, pueblo catalán, etc.), base de los
nacionalismos, anulando o subordinando las complejas y variadas identidades de la clase trabajadora (obreros
industriales, empleados de servicios, peones y jornaleros,
funcionarios, trabajadores por cuenta propia, trabajadores sociales,
trabajadores de la cultura, etc.) y las complejas relaciones distribuidas de poder que
mantienen el sistema. Porque al igual que no se puede entender qué es
el agua sin tener una teoría molecular, tampoco podremos actuar en el sistema socioeconómico sin un modelo teórico sólida y científicamente fundamentado que lo describa.
La exigencia de un modelo teórico es aún más urgente cuando Sumar solo puede exhibir, y no es poco, un programa de mejoras sociales, económicas y laborales, sin vinculación estratégica con un proyecto transformador del sistema socioeconómico capitalista que termine alumbrando un nuevo modelo de ser y estar en sociedad. Una fuerza de izquierda alternativa, que además se autodefine transformadora, no puede ser sólo reivindicativa, ni su acción limitarse a ir unos pasos más allá de las propuestas socialdemócratas, porque eso supone su desdibujamiento político
y, finalmente, olvidar su razón de ser. Más cuando la socialdemocracia
como la española adopta posiciones menos complacientes con el sistema
capitalista poniendo el acento en la dimensión social. En la convulsa
etapa histórica que vivimos por efecto de las dos grandes presiones evolutivas,
la Revolución Digital y el Cambio climático que están reconfigurando la
forma de trabajar, relacionarse y participar de la ciudadanía, un modelo teórico basado
en la ciencia es la base de cualquier actividad política eficaz. Cuando
no se tiene, o el que se tiene resulta inservible, como ocurre con el
de la izquierda revolucionaria del siglo pasado, la acción política está
condenada a perderse en los dinámicos flujos de la coyuntura; o a cometer graves errores por ceguera posicional (no percibir las potencialidades ganadoras de una situación). Basta con mirarse en el espejo de Podemos. En su corta, vertiginosa y malograda singladura, ha cometido graves errores que evidencian la ausencia de un riguroso modelo teórico,
y ha sido la causa principal del continuo reajuste de sus
planteamientos según la praxis política y los resultados electorales
iban marcando la configuración del tablero político. Por ejemplo, en apenas dos años Podemos pasa de sus iniciales planteamientos antagonistas a otros de carácter agonista [2]; de la enmienda a la totalidad del llamado Régimen del 78, fuente de todos los males, a su aceptación [3]; de la frontera nosotros/ellos al espaciocomún; de ningunear a IU (con sus viejas banderas) a formar coalición; de tratar de sustituir a PSOE (Iglesias califica a Podemos de nueva socialdemocracia) a tratar por todos los medios de gobernar con ellos; pasar de la guerra de movimientos a la guerra de posiciones, ante la inviabilidad del ansiado asalto a los cielos, lo que convierte el éxito electoral y la posibilidad de entrar en el gobierno en condición de su propia existencia.
La respuesta de Podemos al fracaso histórico del modelo teórico imperante en la izquierda revolucionaria del siglo pasado es el discurso populista de izquierdas (laclaudiano). Una especie de juegos del lenguaje trufado de palabrería discursiva (relato) y disquisiciones reduccionistas sobre la lucha política por el sentido que permite sesudos análisis académicos pero que, a la hora de la praxis política, carece de la capacidad de planteamientos estratégicos y
propicia errores tan sonados como frustrar la investidura de Pedro
Sánchez en 2016 bajo la excusa del acuerdo con Ciudadanos, en realidad
un órdago del tipo connosotros o nada [4]. El
resultado, tras la repetición electoral, es demoledor: más de un millón
de votos perdidos por UP respecto a los obtenidos anteriormente por
separado; Rajoy fortalecido y el PP recuperando votos y escaños; el PSOE derechizado, en peligro de ruptura. Vuelve a reincidir en la misma ceguera posicional y en el mismo gusto por las situaciones límite (que
continuará con Ione Belarra como Secretaria General de Podemos) en
2019, provocando nuevas elecciones al no aceptar, en un insólito regateo
de carteras y competencias impropio de un partido nacido del 15M, la
oferta de Pedro Sánchez para formar el primer gobierno de coalición
progresista. Por no hablar de la defensa numantina de la excelente
llamada ley del solo sí es sí tras negarse a corregir sus
defectos técnicos hasta el punto de votar contra el gobierno del que
formaban parte su reforma, pero al que se aferran como una tabla de
salvación. La ausencia de un verdadero modelo teórico,
más allá de otros factores como la personalidad del líder y la
permanente ofensiva de las derechas, explica el ascenso y caída de
Podemos, una organización nacida al calor y bajo el impulso del 15M, que
hoy se enfrenta a un grave problema existencial. Para convencerse de que es necesaria una reflexión profunda sobre lo acontecido y sus derivadas políticas
basta echar un vistazo a los datos: en tan solo 4 años, Podemos ha
pasado de obtener casi 5 millones doscientos mil votos y 69 escaños en
las elecciones generales de 2015, a poco más de 3 millones y 35 escaños
en las de 2019, cifra que de no haber concurrido en coalición con IU
habría sido seguramente bastante menor. El fenómeno contiene una alta
dosis de pedagogía de los hechos de la que extraer lecciones si queremos que la izquierda alternativa representada por Sumar tenga futuro y pueda convertirse en transformadora.
Las leyes de la evolución socioeconómica
Para lograrlo resulta ineludible tener una idea clara de las
características definitorias (hipótesis científicas) [5] de la
naturaleza de los sistemas socioeconómicos que conforman el espacio relacional de la actividad humana, así como las razones por las que evolucionan a fin de que puedan desarrollarse procesos de transformación. Hay
distintos enfoques a la hora de describir las sociedades humanas
(antropológico, micro y microsociológico). Pero hay consenso en
considerarlas como un conjunto de interrelaciones entre
diferentes partes (individuos, grupos, instituciones) que interactúan de
acuerdo a objetivos, lo que exige un conjunto asumido (o impuesto) de
reglas, normas y valores. Se trata de una forma específica de organización sistémica por su dimensión cultural. Siendo más precisos, de un sistema complejo, no lineal, abierto, dinámico y adaptativo, dotado de dimensión cultural que caracteriza y confiere al sistema propiedades emergentes únicas. Un sistema con sus desarrollos caóticos (crisis), sus bifurcaciones (alternativas), sus procesos adaptativos (reformas), y su capacidad evolutiva (transformación) que trasciende la evolución biológica, fruto de mecanismos azarosos, aleatorios y ciegos, cuyos resultados depura la selección natural, tal como describe la teoría darwiniana. Esta dimensión cultural, fruto
a su vez de la evolución de los sistemas biológicos [6], supone que los
humanos, dotados de pensamiento reflexivo y lenguaje simbólico,
actuamos como diseñadores inteligentes (agentes racionales de nuevas realidades) en el desarrollo evolutivo del sistema socioeconómico. Es la capacidad creativa y electiva, expresión de la máxima complejidad de un sistema, la que orienta la evolución en
una dirección u otra. En este sentido me gustaría destacar las
aportaciones de Michael L. Wong y otros, del Instituto Carnegie para la
Ciencias, plasmadas en su artículo On the roles of function and selection in evolving systems (Sobre
los roles de la función y la selección en los sistemas en evolución)
donde sostienen haber descubierto una nueva ley universal de la
naturaleza que denominan Law of increasing functional information, loque viene a confirmar el modelo teórico de transformación de los sistemas socioeconómicos basado
en la teoría de la complejidad. Básicamente, esta nueva ley explica la
tendencia natural de los sistemas complejos a evolucionar, lo que supone
el incremento de patrones funcionales (que yo llamo diseño).
El mecanismo es el mismo que el de la selección natural darwiniana,
pero con características propias de cada sistema (físico, químico,
biológico, social) [7]. Es decir, las sociedades humanas son una
expresión particular de una ley general de la naturaleza, y obedecen a
mecanismos comunes que debemos tener en cuenta. Uno de ellos es el gradualismo (habitualmente lento pero también rápido debido a cataclismos ambientales y revoluciones) de los procesos evolutivos. Su
negación en la acción política ha provocado gravísimas catástrofes, y
ha sido una de las causas principales del colapso del socialismo real y
del fracaso de numerosos intentos revolucionarios posteriores. A estas
alturas no creo que sea necesario citar ejemplos.
La presunción de que el gradualismo es una negación del
propósito revolucionario no solo es uno de los mayores errores
político-prácticos, sino una expresión de pensamiento mágico que termina convirtiendo los proyectos más esperanzadores de la humanidad en un fiasco [8]. Al igual que el Homo sapiens no emergió milagrosamente sino de la lenta y gradualevolución de los homínidos (y estos, a su vez, de los prehomínidos, y estos...) ningún sistema socioeconómico surge de la destrucción del antiguo sino de su gradualtransformación, lo que implica la conservación de algunos de los caracteres y propiedades al tiempo que cambian de funcionalidad y comienzan a emerger otros en un incremento de la complejidad del sistema. Su misma naturaleza gradualista implica que se trata de un proceso de reconfiguraciones del
sistema para dotarse de mayor capacidad de respuesta ante las presiones
internas (luchas reivindicativas en función de los intereses de clase,
impacto de los avances científico-técnicos) y de las externas
(globalización, cambio climático). Naturalmente, el gradualismo no garantiza per se la transformación del sistema socioeconómico ya que es la respuesta a la necesidad adaptativa del sistema. Así, para los defensores del sistema capitalista la necesidad adaptativa de implementar reformasno
está en cuestión, aunque su definición y aplicación puede crear
divisiones. Por ejemplo, el neoliberalismo tratará de eliminar las
trabas al libre desenvolvimiento de la actividad económica, al
tiempo que intentará revertir las conquistas laborales que menguan sus
ganancias, mientras que la socialdemocracia buscará, ya desde 1959 (Bad
Godesberg), mitigar sus efectos negativos extremos como la
desigualdad y sus secuelas de pobreza, marginalidad, exclusión, etc. y
ampliar los derechos sociales y laborales. Lo describe con su habitual
claridad y rigor la economista y directora del Instituto para Innovación
y Propósito Público en University College London María Mazzucato en su
obra Otro capitalismo tiene que ser posible (Siglo XXI). El título ya evidencia el carácter voluntarista del reformismo de inspiración socialdemócrata.
Sentado cual, la pregunta básica es cómo avanzar gradualmente un proyecto de transformación del sistema capitalista sin quedarse en un reformismo radical. La respuesta está en cambiar, aunque sea mínimamente, las relaciones distribuidas de poder [9] que permean y se extienden por el conjunto de los subsistemas que configuran la realidad social (características fractales) conformando los mecanismos de dominación que garantizan la permanencia del sistema socioeconómicocapitalista. De ahí que, cuando peligran las relaciones distribuidas de poder en campos sensibles
como el económico por la acción del gobierno de izquierdas, la reacción
de las derechas sea furibunda, llegando, incluso a propiciar un golpe
de Estado y la implantación de una dictadura para salvar la libertad amenazada.
La reacción del PP y Vox ante la formación del segundo gobierno de
coalición progresista es una buena muestra de ello, aunque en este caso
el pretexto haya sido la amnistía. Por eso conviene no olvidar que, si
bien el Estado social y Democrático de Derecho es una condición necesariapara cambiar las relaciones distribuidas del poder e iniciar un proceso gradualista de transformación del capitalismo, no es suficiente.
Fortalecer y ampliar la democracia es la única garantía frente a las
esperables reacciones boicoteadoras de los poderes dominantes.
Yendo a lo concreto, un buen ejemplo de cambio en las relaciones distribuidas del poder es la implementación de la cogestión o codeterminación (Mitbestimmung) en las grandes empresas y la autogestión en
algunos sectores públicos. En este sentido debe entenderse la propuesta
programática de Sumar que aboga por la participación de los sindicatos
en los órganos de decisión de las empresas. Posibilidad reconocida,
aunque ambiguamente, en nuestra Constitución [10]. Sin embargo, esta
conquista no garantiza un cambio en las relaciones de poder de
los trabajadores en el seno de la empresa si se limita a implementar el
dialogo social patronos-sindicatos, obviado que el carácter social de
la creación de riqueza, fruto de la actividad del conjunto de los
trabajadores (capital humano), convierte la participación en los órganos
de dirección y gestión empresarial en un derecho, al igual que
su participación en la ganancia apropiada por el capital en base a la
propiedad privada. De ahí que siga siendo cierta la famosa frase del
pensador y político revolucionario anarquista francés Proudhon
(1809-1865) de que la propiedad es un robo... avalado por la ley. Una
idea que subyace en el manifiesto Democratizing work suscrito por 3.000 estudiosos de más de 650 universidades donde se califica a los trabajadores de inversores de trabajo, núcleo constituyente de las empresas junto con los inversores de capital, lo que supone el derecho de los trabajadores a participar en las decisiones relativas a sus vidas y a su futuro en el puesto de trabajo [11]. Es más, si alteramos las relaciones de poder en el sistema empresa mediante la cogestión alteramos su diseñoy, por lo tanto, su funcionalidad (incremento
de la productividad y de la calidad del empleo gracias a la aplicación
del talento de los trabajadores en la toma de iniciativas y decisiones
estratégicas, participación en los beneficios, etc.), propiciando la emergencia de propiedades más exitosas en su desenvolvimiento [12]. En otros ámbitos, como el judicial, un cambio significativo en las relaciones distribuidas de poder en el Tribunal Constitucional supone impedir la anulación de medidas progresistas de un gobierno de izquierdas. Por eso, las derechas y el lobby de
los jueces ultraconservadores tratan de minar su legitimidad bajo
pretexto de su falta de neutralidad, solo existente, al parecer, cuando
la mayoría es progresista. Y explica la negativa del PP a renovar el
Consejo del Poder Judicial, con una mayoría conservadora militante desde hace 25 años, pese
a llevar más de 5 años caducado. Lo mismo cabe decir en el subsistema
económico donde el poder de las grandes corporaciones supone un dominio
desmesurado que el Estado Social y Democrático de Derecho tiene el deber
de corregir con medidas reguladoras como leyes antitrust, políticas
para fomentar la competencia, reformas de los impuestos societarios,
aumentado la presencia del Estado en sectores estratégicos, etc. En el
ámbito político-institucional, muy condicionado por los poderes fácticos, cambiar las relaciones distribuidas de podersupone desarrollar formas de democracia participativa, deliberativa y directa. En resumen, cambiar las relaciones distribuidas de poder (políticas, económicas, sociales, institucionales) del sistema socioeconómico es el corazónestratégico de la transformación gradualista del capitalismo, y marca la diferencia con el reformismo que busca mantenerlo (versión conservadora), o mejorarlo (versión socialdemócrata). Es un trabajo en construcción abierto,
dinámico y adaptativo, que tiene la ventaja de usar la poderosa palanca
prueba-error que impide el dogmatismo y el determinismo profético de apocalípticos y fatalistas resignados.
Un programa para transformar
Alterar las relaciones distribuidas de poder a favor de la mayoría trabajadora permite ganar posiciones en el sistema socioeconómico capitalista para neutralizar y eliminar las lógicas resistencias de suS principales beneficiados. Ello supone promover el ensanchamiento y profundización de la democracia representativa, integrando formas de democraciaparticipativa, deliberativa y directa en el sistema institucional del
Estado Social y Democrático de Derecho, de tal forma que la ciudadanía
pueda participar como sujeto activo de los cambios (Democracia Ampliada)
[13]. Lo mismo ocurre en el ámbito de la economía, particularmente en
el mundo empresarial con la implementación de formas avanzadas de
cogestión y autogestión, lo que permite incrementar la eficiencia y
racionalidad del sistema productivo al tiempo que se potencia la justicia distributiva, se
reducen las desigualdades, y se crean las condiciones materiales y
legales para una verdadera igualdad de oportunidades. Todo ello supone
democratizar el espacio económico sobre principios éticos, solidarios, equitativos y participativos. A su vez, el cambio en las relaciones distribuidas de poder en el ámbito de la economía permite regular y racionalizar el mercado, implementando un sistema democrático de planificación orientativa [14] que
sirva de marco para la política económica gubernamental y de
orientación a la actividad privada, hoy posible gracias al desarrollo
científico-técnico, fundamentalmente a la Inteligencia Artificial, la
supercomputación de altas prestaciones, y el Big Data, Planificación
que facilitaría terminar con el despilfarro de la riqueza y la
manipulación especulativa, al tiempo que se promueve el desarrollo sostenible del sistema productivo, al que se integra la dimensión medioambiental como un condicionante existencial (Democracia
Económica).[15] Para alcanzar estos objetivos es necesario un mayor
desarrollo del Estado de bienestar, e incrementar el papel regulador, planificador y protector del
Estado Social y Democrático de Derecho. Porque, como señala David
Harvey, la continuidad en el flujo de la vida humana es mucho más
importante que la continuidad en el flujo interminable de acumulación de
capital [16].
De una manera muy sucinta, el modelo teórico de la izquierda transformadora debería basarse en estos tres grandes pilares estratégicos:
1. La ampliación de la democracia representativa liberal con el desarrollo e implementación institucional de la democracia participativa deliberativa y directa.
2. El desarrollo la democracia económica, último espacio en el que la democracia todavía no se ha desarrollado, cuyos pilares fundamentales son la congestión de lo privado y la autogestión de lo público. Así como la potenciación del papel regulador y racionalizador del Estado que impida tanto el caos (crisis recurrentes), como las posiciones de dominación, primando el interés social sobre el interés particular, en el horizonte de un sistema productivo participativo (ciudadanía
económica), sostenible y justo, organizado teniendo en cuenta la
protección del medio ambiente y la lucha contra las crisis climáticas.
3. La protección y ampliación de las conquistas sociales, particularmente del Estado del bienestar con el blindajeConstitucional
de los Derechos Sociales (educación, sanidad, vivienda, dependencia,
etc.) haciendo especial hincapié en la lucha contra la pobreza, las
desigualdades, la precariedad, la inempleabilidad y el desempleo, las
brechas socioeconómicas y culturales, la exclusión social etc. Sin
olvidar los nuevos derechos de la ciudadanía digital [17].
Parece cada vez más evidente que sin afrontar desde una perspectiva transformadora los
grandes desafíos digitales y medioambientales de forma que no solo se
protejan las conquistas sociales y laborales, sino que supongan un
avance en la resolución de los problemas concretos que afectan a
las clases trabajadoras, hoy la gran mayoría de la sociedad, las
posiciones más reaccionarias, con el amparo y potenciación de los
poderes fácticos dominantes, terminarán capitalizando la
insatisfacción y el desencanto. Los sucesivos éxitos electorales de la
ultraderecha son un buen y peligroso ejemplo.
Notas
[1] Las Ciencias de la Complejidad estudian el comportamiento de los
sistemas complejos (lineales, no lineales, estáticos, dinámicos,
cerrados, abiertos, evolutivos, etc. Sus trabajos abarcan prácticamente
todos los aspectos de las ciencias naturales desde la física de
partículas hasta los fenómenos estelares, los sistemas físico-químicos,
ecológicos, biológicos, neuronales, sociales, económicos, tecnológicos,
culturales. Incluyen teorías como la de los sistemas caóticos (altamente
sensible a las condiciones iniciales), de los procesos evolutivos
(incremento de la complejidad y la información del sistema, emergencia y
autoorganización), o fenómenos como la bifurcación (pasar de un estado
de equilibrio a otro con nuevos patrones de comportamiento). Entre sus
más señalados estudiosos destacan Ilya Prigogine, Edward N. Lorenz,
Murray Gell-Mann, Mitchell Waldrop, Robert May, Stephen Wolfram, y John
H. Holland. Puede verse: Juan Luis Suárez y Yaneer Bar-Yam. La
complejidad y sus ciencias (Presentación). Complejidad y escala en las
organizaciones sociales. Revista de Occidente nº 323, Abril 2008. Ver:
Juan Luis Suárez y Yaneer Bar-Yam. La complejidad y sus ciencias
(Presentación). Complejidad y escala en las organizaciones sociales.
Revista de Occidente nº 323, Abril 2008. También: M. Mitchell Waldrop.
Complexity. The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos. (https://pdfget.com/please-wait-for-few-moments-6/);
Carlos Eduardo Maldonado, Complejidad de las ciencias sociales.
Ediciones desde abajo. Bogotá, 2016
(www.researchgate.net/publication/304581600).
[2] Ver: Javier Franzé. La trayectoria del discurso de Podemos: del
antagonismo al agonismo. Revista Española de Ciencia Política, 44. 219
[3] En el programa para las elecciones municipales se afirma: Tenemos
las piezas, pero falta ordenarlas, ajustarlas, equilibrarlas. Aun
teniendo materiales de buena calidad, han caído en manos de gobiernos
torpes, cortos de miras y despilfarradores.
[4] En el debate Pablo Iglesias propone el pacto del beso: Fluye el amor y la pasión en la política española ¡Pedro, sólo quedamos tú y yo!
[5] Las hipótesis científicas son afirmaciones que intentan explicar
algún fenómeno natural o social basándose en observaciones, datos y
conocimientos previos. Las hipótesis científicas deben ser coherentes,
lógicas, falsables y verificables mediante experimentos o evidencias
empíricas. Las hipótesis científicas no son verdades absolutas
apriorísticas, sino aproximaciones que pueden ser confirmadas, refutadas
o modificadas por la praxis política y nuevas investigaciones
[6] La cultura no aparece por generación espontánea,
es fruto de la evolución. Se da tambien en los animales (simios,
elefantes, ballenas, lobos, murciélagos, aves ...) en los que se produce
transmisión social de conductas, conocimientos y habilidades, que pasan
de generación en generación mediante enseñanza e imitación de los
mayores (tradición) y no por mecanismos de la genética. (La importancia
del aprendizaje social y su papel en la evolución de la cultura:
www.redalyc.org/journal/3822/382255488007/382255488007.pdf. Una de las
características que definen la cultura humana es la capacidad para el
pensamiento reflexivo y simbólico. Puede verse, entre otros trabajos:
Daniel C. Dennete. De las bacterias a Bach. Pasado y presente, 2017.
[7] Según la perspectiva de los investigadores, existen tres tipos de selección para función:
- Persistencia estática: el más básico, donde prima la
estabilidad, como ocurre en las disposiciones estables de átomos o
moléculas que se seleccionan para continuar.
- Persistencia dinámica: sistemas dinámicos que se seleccionan por sus suministros continuos de energía y su rendimiento.
- Generación de novedad: la tendencia de los sistemas en
evolución a explorar nuevas configuraciones que pueden conducir a nuevos
comportamientos o características emergentes. Es el caso de los
sistemas complejos sociales dinámicos. Su selección por función se basa en la generación de novedad (transformaciones graduales en el sistema socioeconómico que conduce a un sistema nuevo). Ver: www.pnas.org/doi/epdf/10.1073/pnas.2310223120.
[8] Un buen ejemplo es la NEP (Nueva Política Económica), propuesta por
Lenin en 1921 para establecer un denominado Capitalismo de Estado que
supusiera la coexistencia de los sectores privados y público, con
medidas como el uso del mercado y diversas formas de propiedad, la
atracción de capitales extranjeros en forma de concesiones. Encontró
fuertes resistencias en los bolcheviques radicales. Stalin la eliminó
cuatro años después del fallecimiento de Lenin.
[9] Con el término distribuidas me refiero a que las relaciones de poder no anidan solo en las distintas estructuras jerárquicas del sistema, sino que permean y se extienden por el conjunto de los subsistemas que configuran la realidad social (características fractales). Esto supone que la pérdida de poder en un nodo del sistema no supone necesariamente su colapso. Además, todos los sistemas evolucionables, al estar formados por subsistemas del sistema general del que forman parte y con el que interaccionan, precisan de cierta estabilidad pese los cambios en ellas. Ver: Carlos Tuya. El Voto y el Algoritmo. Amazon, 2022.a
[10] El artículo 129.2 de la Constitución española sostiene que “los
poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de
participación en la empresa y fomentarán, mediante una legislación
adecuada, las sociedades cooperativas. También establecerán los medios
que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios
de producción"
[11] Ver: https://democratizingwork.org/#espanol. Esta
participación de los trabajadores a través de sus representantes
elegidos ya existe en 18 países del mundo, entre ellos Alemania desde
1976. Conviene resaltar que en todos se busca, de un una u otra manera,
restringir o limitar su capacidad de acción e influencia. Ver: Luig
Ferrajoli. La construcción de la democracia. Trota, 2023; tambien:
www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dossieres-EsF-48-Nuevos-modelos-de-empresa-y-democracia-economica.pdf;
www.ccoo.es/1a6599b5d007f72db6b2b76d9ea1ebe6000001.pdf
[12] Según las últimas estadísticas de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) países con sistemas de cogestión como Suecia y Alemania
tienen una elevada productividad del trabajo (61,7 y 58,3 dólares
producidos por hora trabajada, respectivamente) mientras que los que
carecen de esta institución, como Reino Unido y España, es notablemente
más baja (51,3 y 48,8 dólares respectivamente).
[13] El término democracia deliberativa, participativa y directa designa
un modelo normativo que busca ampliar la democracia representativa
implementando procedimientos de toma de decisiones políticas colectivas
con la participación activa de todos los potencialmente afectados por
tales decisiones. Estaría basada en el principio de la deliberación, que
implica argumentación y discusión pública de las diversas propuestas.
Ver: Jürgen Habermas, Tres modelos de democracia. Sobre el concepto de
una política deliberativa. Polis: Revista Latinoamericana, Nº 10, 2005
(https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2917075);
Boaventura de Sousa Santos (coord.). Democratizar la Democracia. Los
caminos de la democracia participativa. Fondo de Cultura Económica,
2008.
[14] La planificación orientativa es una forma de planificación
económica implementada por el Estado para resolver el problema de la
información imperfecta en las economías de mercado mediante la
coordinación de la inversión pública y privada a través de pronósticos y
objetivos de producción. Los planes resultantes tienen como objetivo
proporcionar información económicamente valiosa como un bien público que
el mercado por sí mismo no provee. Es lo que recoge el Artículo 131 de
la Constitución: El Estado, mediante ley, podrá planificar la
actividad económica general para atender a las necesidades colectivas,
equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el
crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución. Puede
verse: Ander Egg Ezequiel. Introducción a la Planificación. Siglo XXI
de España, 1991; José Luis Ceceña Cervantes. Introducción a la economía
política de la planificación económica nacional. Fondo de Cultura
Económica. Ruth Saavedra; Guzmán y otros. Planificación del desarrollo.
Fundación Universidad de Bogotá. Jorge Tadeo Lozano, 2001.
[15] Desarrollo ampliamente el concepto en el capítulo 5. Democracia
Económica y Relaciones de Poder de mi libro El Voto y el Algoritmo.
Amazon, 2022.
[16] Harvey, David [2021]. Valor en movimiento. New Left Review, Segunda época (126): 105-125. (https://newleftreview.es/issues/126/articles/value-in-motion-translation.pdf)
[17] Los describo en El Voto y el algoritmo (Amazon, 203) pag.258
Como se sabe, el efecto nocebo es lo contrario al efecto placebo. Es decir, pensar ciegamente que algo es perjudicial sin serlo, de forma que termina siéndolo. Este efecto nocebo, derivado de la percepción equivocada de la realidad, surge en los grupos sociales, particularmente en los partidos políticos, por un defecto de origen, en este caso el populismo laclaudiano [1]. Defecto genético que ocasiona la enfermedad de la progeria o envejecimiento prematuro.
Los populismos, al basarse en fronteras entre un nosotros mayoritario y un ellos muy pequeño pero poderoso, si no triunfan a corto plazo (asalto al cielo), terminan desinflándose para, en un último intento de sobrevivir, transformarse en lo que combatían: un partido del sistema, sometido
a las exigencias de oligarquización, algo que solo se combate con la
democracia participativa, deliberativa, y directa [2].
Esta evolución comenzó en Podemos con la degradación de los círculos,
espacios ciudadanos de participación, deliberación y decisión,
convertidos en un instrumento de la estructura jerárquica del partido.
Un vistazo a los resultados de Podemos en solitario
primero en 2015, y como UP después, muestra un declive continuado de su
apoyo político: 5.189.333 votos (20,66%) en 2015; 5.049.734 (21,1%) en
2016; 3.119.364 votos (12,97%) en noviembre de 2019. Una tendencia descendiente que
habría sido mayor sin la participación de IU, formación basada
fundamentalmente en el PCE, con un suelo pequeño pero sólido, y que las
encuestas auguran aún mayor en 2023... salvo que les salve Sumar de Yolanda Díaz antes de que Podemos lo frustre [3].
Pretender negociar una coalición con Sumar cuando haya
terminado de convertirse en partido, es decir, cuando deje de ser la
plataforma-movimiento de Yolanda Díaz, para asegurase así los puestos en
las listas electorales, es una muestra no solo de incongruencia
política que contraviene el espíritu fundacional de Podemos, sino que manda un mensaje partidista de fuerte olor a chiringuito, que siempre pasa factura a la izquierda. Andalucía fue un serio aviso.
El ejemplo más evidente, hasta ahora, del efecto nocebo es la desafortunada reacción de la dirección de Podemos ante las indeseadas e inesperadas reducciones de penas al aplicar la Ley Integral de Garantía de la Libertad Sexual, más conocida como ley de solo sí es sí,
cuyos causantes serían los jueces machistas, los togados fascistas, los
medios de comunicación, los tertulianos, comentaristas y columnistas,
la progresía cómplice, los socios de coalición y la mayoría de
investidura. Mucho ruido y pocos argumentos.
La desabrida reacción de Pablo Iglesias, Irene Montero, Ione Belarra,
y Pablo Echenique, ante la aplicación por algunos jueces del principio
constitucional recogido en el Artículo 2.2 del Código Penal, que
afirma: tendrán efecto retroactivo aquellas leyes penales que
favorezcan al reo, aunque al entrar en vigor hubiera recaído sentencia
firme y el sujeto estuviese cumpliendo condena, lo que ha supuesto reducciones de pena y, en algún caso, excarcelación, ejemplariza la peligrosa puesta en práctica de la famosa frontera laclaudiana: ellos y nosotros, donde ellos son todos menos los nuestros.
Han convertido lo que debería ser un sosegado debate técnico-jurídico en un ruidoso problema político donde el más perjudicado será Podemos. Es lo que tiene ver enemigos por todas partes. El problema es que los nuestros se
van reduciendo paulatinamente a los miembros y simpatizantes de
Podemos. No sé si son conscientes del daño que hace a la izquierda en
general, y al proyecto de Sumar en particular, esta manifestación del
efecto nocebo. Y las oportunidades que brinda a la derecha para su ofensiva contra el gobierno del que son socios.
En el planteamiento del suceso generado por la aplicación de la ley de solo sí es sí Podemos
se enfrenta a la siguiente dicotomía: o los jueces que han rebajado las
penas son prevaricadores porque la ley no lo permite (Irene Montero: el problema que tenemos es que hay jueces que están incumpliendo con la ley) [4], en cuyo caso hay que actuar judicialmente contra ellos;
o la ley posibilita una interpretación favorable a ciertos condenados
que reduce sus penas, en cuyo caso hay que esperar a la unificación de
doctrina del Tribunal Supremo y la Fiscalía para hacer las correcciones
pertinentes, si fuera necesario. Negarse a contemplar esta posibilidad,
que aceptan hasta los partidos de la mayoría de investidura, es una
peligrosa muestra de infantilismo político y de rabieta emocional.
¿Tendrían que sentirse atacados por jueces machistas también los socios
de gobierno y los partidos que aprobaron la ley en el Congreso por la
reducciones de penas? ¿Se han puesto todos de perfil mostrando una gran desvergüenza, cobardía y estupidez, como clama con santa indignación Pablo Iglesias? [5] ¿O solo lo hace Yolanda Diaz que, por cierto, cada vez muestra un mejor perfil?
Lo ocurrido debería servir de aviso a navegantes (populistas laclaudianos): hoy la frontera es la que separa, y desgraciadamente puede terminar enfrentando, a quienes apuestan por la amplia unidad de las izquierdas y quienes se enrocan en un nefasto patriotismo de partido propio de épocas pasadas. El deseo (y necesidad) de convertir la ley de solo si es si en la ley de Irene Montero ha concentrado todas las críticas y
efectos negativos en ella, cuando es de todo el gobierno, y la
responsabilidad colectiva. Mal negocio querer patrimonializar la
actividad gubernamental, como si cada ministerio fuera un minigobierno,
alimentado los ataques de la derecha.
Resumiendo, el error de la dirección de Podemos, supongo que por falta de serena reflexión, es que transforma el carácter técnico del problema en un inoportuno problema político,
agudizando las contradicciones internas en el bloque de izquierdas. Lo
peor es que llueve sobre mojado, y que cuando la borrasca de la ley trans no se ha despejado, se acercan otros frentes tormentosos como la ley de trata. El riesgo es que en la singladura final el gobierno de coalición navegue con rumbo de colisión.
La sobreactuación de la dirección de Podemos ha conseguido que se
perciba la Ley Integral de Garantía de la Libertad Sexual como
defectuosa cuando se trata de un ley muy positiva, que
supone un gran avance en la defensa de la mujer frente a todas las
agresiones machistas. En todo caso se la puede criticar por incurrir en
la tendencia autoritaria del incremento constante en la duración de las
penas como principal recurso ante los delitos [6]. La realidad es que
la ley de solo sí es sí buscaba impedir la laxitud de las penas para algunos delitos sexuales, ejemplarizados en la sentencia de la manada, unificándolos
todos bajo el concepto de agresión sexual, lo que obligaba a contemplar
una nueva horquilla de penas, con reducción en algunos casos para los
delitos menos graves; e incrementarlos en otras conductas (por ejemplo,
cuando no se puede dar el consentimiento por estar bajo los efectos de
alguna sustancia o de drogas que anulan la voluntad de la víctima).
Es decir, el debate no debería ser sobre la rebajas de penas como
consecuencia de la unificación de delitos, algo esperable, sino sobre si
con la nueva ley las mujeres están más y mejor protegidas de las agresiones sexuales,
pese a que en algunos casos puedan beneficiarse de una rebaja algunos
agresores ya condenados. Un enfoque así habría desarmado la ofensiva de
la derecha contra Podemos y el gobierno de coalición, e impedido la
gratuita e inoportuna alarma social generada. Inconscientes, por cierto,
de que con ello se refuerza la filosofía punitiva propia de la derecha,
y la excusa para las proclamas xenófobas de la ultraderecha, porque
satisface las pulsiones vengativas, solo comprensible en la víctimas,
pero inaceptable como método de protección social.
En su día, Jueces y Juezas para la Democracia criticaron lo que consideraban un endurecimiento de un marco penal ya muy severo [7]. Podemos debería haber incidido pedagógicamente en
que los casos que se rebajan las penas no la convierten en una mala la
ley, ni implica que proteja menos a las mujeres. Muy nerviosos deben
estar en la dirección de Podemos como para reaccionar airadamente a la decisión de unos jueces (conservadores y progresistas, que de todo hay) interpretando la rebaja de penas como un ataque a sus dirigentes.
Habría sido un milagro que todos hubieran resuelto la petición de
rebaja con una rotunda desestimación, dada la variedad de condenas y sus
fundamentos jurídicos. En todo caso, aunque puede ser que algunos
jueces (con el visto bueno de la fiscalía, por cierto), no hayan interpretado correctamente la nueva ley a
la hora de aplicar una bajada de la condena qué pena, en un Estado de
Derecho las sentencias se recurren, no se descalifica a los jueces por
su supuesto machismo o filofascismo... o, desde las diferentes versiones
de derecha, por ser de izquierdas y filocomunistas.
Es indiscutible que desde su nacimiento Podemos ha sufrido un acoso, en muchos casos bordeando lo delictivo,
por parte de las fuerzas de derechas, y que algunos representantes del
centro izquierda no han visto con buenos ojos su participación en el
gobierno, pero eso debería darse por descontado. Y, en todo caso, obliga
a desarrollar una estrategia defensiva inteligente que huya de la
confrontación, la descalificación y el insulto, a fin de no hacerle el
juego a los fabricantes de crispación, encantados con el debate soez y
faltón. Y, sobre todo, no dar miedo a los nuestros, como acertadamente señaló en su día Iñigo Errejón.
Tengo la impresión de que la dirección de Podemos (y no solo) ignoran el país en el que viven, y las poderosas fuerzas(económicas, políticas, sociales y culturales) a las que nos debemos enfrentar en el largo y gradual proceso de transformación del
sistema socioeconómico capitalista. De ahí que no sean conscientes del
riesgo que asumen con la sobreactuación. Porque el problema no es que Podemos continue su viaje a la irrelevancia,
como parece, sino que puede torpedear las posibilidades electorales de
la izquierda transformadora, dividiendo el voto y propiciando el
desentendimiento de la ciudadanía progresista.
Y con ello poner en grave riesgo la continuidad del gobierno de
coalición. Porque la crispación generada por la reacción desmesurada de
la dirección de Podemos ante la evidencia de ciertas vías de escape en ley de solo sí es sí no
es un hecho coyuntural, que pueda terminar en anecdótico con el paso
del tiempo. En mi opinión responde a una concepción de la política
anclada en el pasado. Y de ser así, es bastante probable que vuelvan a ocurrir episodios del efecto nocebo en el futuro,
cuando previsiblemente se incrementen las lógicas y legítimas tensiones
en el bloque de izquierdas al entrar en el año electoral de 2023.
Cuando hay fiebre (y furia) no basta un antipirético. Esperemos que el
sistema inmunológico (el análisis político basado en evidencias
científicas y realidades sociológicas) elimine el efecto nocebo,
y se incorporen sin más dilación al proyecto de Sumar, hoy por hoy la
única respuesta sensata y eficaz contra el riesgo de dispersión y
fracaso de las izquierdas alternativas y transformadoras.
[1] El tema ha sido tratado agudamente por el sociólogo y politólogo alemán Robert Michels (1876 – 1936) en: Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna (Amorrortu editores, 2017).
[2] Ver: Carlos Tuya. La sinrazón populista. Amazon, 2017.
[3] El último CIS de Noviembre otorga a UP un 12,2% de intención. de voto (https://datos.cis.es/pdf/3384_Estimacion.pdf)
[4] Ver: www.rtve.es/play/videos/telediario-2/aplicacion-ley-del-solo-si-sienfrenta-igualdad-judicatura/6737903/.
[5] www.publico.es/politica/pablo-iglesias-llama-cobardes-quienes-ponen-perfil-machacan-irene-montero.html
[6] Ver la tribuna en El País: A propósito de la ley ‘solo sí es sí’: los árboles y el bosque (https://elpais.com/opinion/2022-11-20/a-proposito-de-la-ley-solo-si-es-si-los-arboles-y-el-bosque.html)
[7] Ver:
http://www.juecesdemocracia.es/2021/02/16/comunicado-la-comision-penal-jjpd-ante-proyecto-ley-organica-garantia-integral-libertad-sexual/)
IU apremia a buscar un mecanismo de coordinación entre las organizaciones que forman parte de Sumar
La Coordinadora Federal de Izquierda
Unida debate un nuevo informe político en el que se decidirán
"propuestas para construir una coalición estable" en el espacio que
lidera Yolanda Díaz.
Alberto Garzón, junto con Sira Rego, actual ministra de Juventud e Infancia, en una reunión de la Coordinadora Federal en 2020. —Ricardo Rubio/Europa Press
madrid
Actualizado:
Este viernes, 1 de diciembre, es una fecha señalada en el calendario para Izquierda Unida (IU) por dos razones. En primer lugar, Alberto Garzón, que ya anunció que abandonaría su puesto como coordinador federal del partido,
cargo que ha ocupado desde 2016, oficializará su paso atrás. En
segundo, se celebrará una reunión de la Coordinadora Federal en la que
se presentará un nuevo informe político, al que ha tenido acceso Público, que servirá a los cargos de IU para debatir propuestas para dotar de estabilidad a su coalición con Sumar y analizar el momento que atraviesa de la formación.
En el informe, que será leído previsiblemente por Ismael González, responsable federal de Organización del partido, se abordarán varios puntos: desde un recorrido por el clima político a nivel mundial,
hasta una serie de comentarios sobre las relaciones con Sumar. Además,
se plantearán una serie de propuestas para fortalecerla.
La principal tiene que ver con la creación de "espacios de coordinación entre organizaciones". En el informe político que se someterá a debate se especifica que "para mejorar la coordinación se puede trabajar un espacio más amplio (grupo motor) donde se incorporen los territorios y las organizaciones" y que "la representación de los territorios deberá ser el reflejo de la pluralidad existente y de la realidad social y política". Es decir, IU pedirá un paso más a Sumar en la transversalidad del proyecto.
Otras dos propuestas que debatirá la Coordinadora Federal para dotar de estabilidad a la coalición son, por un lado, "crear espacios de participación popular" ―"Es necesario que las personas se sientan partícipes de la elaboración del proyecto de país"― y fomentar la participación telemática.
Un buen momento para IU
"Izquierda Unida, que parecía condenada a la desaparición, hoy goza de estabilidad política, financiera e institucional". Es una de las citas más categóricas que se pronunciarán durante la reunión, donde se expresará un profundo agradecimiento a Alberto Garzón por haber liderado una etapa compleja para la formación, pero que ha culminado con peso en el nuevo Ejecutivo y relevancia política.
En cualquier caso, está entre los retos que afronta la formación en el próximo período adaptarse "a nuevas formas de intervención política" y "reforzar la organización".
"Altura de miras" frente a la ola reaccionaria
En el borrador del discurso al que ha tenido acceso Público también se abunda en la preocupación que alberga la formación por la "ola reaccionaria" a nivel internacional. Milei en Argentina o la extrema derecha de Geert Wilders
en Países Bajos son ejemplos de ello y también se citarán este viernes.
Además, hablará del conflicto entre Israel y Palestina y elogiará la
postura de Pedro Sánchez, "que contrasta con la de los gobiernos
de la Unión Europea, que se han posicionado mayoritariamente del lado de
la postura israelí", aunque se le pedirá todavía más.
IU insiste en "la necesidad de medidas para ejercer más presión, como la ruptura del Acuerdo de Asociación UE-Israel, el embargo de armas, el reconocimiento del Estado de Palestina o una denuncia ante la Corte Penal Internacional para investigar los crímenes perpetrados por el Ejército israelí y acabar con su impunidad".
En el plano nacional, IU incide en que "el PP sigue compartiendo las tesis de Vox y no hay visos ni a corto ni a medio plazo de que eso cambie" y cita, también, "las algaradas golpistas
que han ocupado las calles frente a las sedes de partidos políticos,
especialmente la del PSOE". Pero no solo eso. Parte importante del
discurso que se debatirá en la reunión se centrará en los problemas que
vive la juventud en España, especialmente los niveles de pobreza y la precariedad laboral, una materia en la que tendrá incidencia ministerio que dirigirá Rego.
Para enfrentar todo ello, el informe político de IU pide "responsabilidad y altura de miras". ¿La estrategia? "Ensanchar los horizontes de lo posible, rechazar
los retrocesos y saludar los avances para construir una pendiente que
nos lleve hacia avances más profundos que amplíen los márgenes de acción
política". Todo ello, en el día de la despedida de Garzón, que también
servirá para agradecer a los ministros de Unidas Podemos el esfuerzo y desear suerte a los entrantes.