George Orwell: «En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario».
martes, 2 de diciembre de 2014
Una propuesta de valores en escala
SOCIEDAD-POLÍTICA-CIUDADANÍA
ÉTICA
BIEN COMÚN
SALUD EDUCACIÓN CULTURA
JUSTICIA ECONOMÍA
DERECHOS} {INTELIGENCIA SOCIAL
DEBERES} {INTEGRACIÓN "
IGUALDAD} {EMPLEO {ADMINISTRACIÓN
{VIVIENDA
{RECURSOS HUMANOS
{INVESTIGACIÓN I+D+I
{FINANZAS-COMERCIO
ESTADO DE UN VERDADERO BIEN-SER Y ASÍ PODER BIEN-ESTAR
Esta sencilla propuesta aspira a ser una reflexión, una sugerencia para dar la vuelta a la tortilla social e individual, para invertir valores, para que así se consolide el lado más frágil y perjudicado de la pirámide: el estado de auténtico bienestar sostenible y razonable. Duradero. Que aquí está como el logro final en, en la base, en vez de ocupar el vértice de la pirámide como inicio. lugar en el que se ha colocado la ciudadanía y una sociedad políticamente sana.
Hasta ahora hemos considerado que las cúpulas, las alturas, son el lado más importante y visible de la construcción social. Por eso les concedemos el poder máximo, delegamos en ese vértice nuestra confianza y le permitimos que nos dirija. Hasta ahora hemos conseguido que buscando como finalidad política el estado de bienestar, nos hayamos confundido en el método para conseguirlo.
Pensábamos que el bienestar material asegurado, la abundancia y hasta el derroche eran el logro más alto al que podíamos aspirar, partiendo de un malestar social endémico y logrando la prosperidad material, llegar al bienestar con la máxima felicidad posible. Se nos ha escapado algo vital, en lo que no hemos reparado y que nuestro estado de conciencia social e ideológica no nos ha permitido descubrir: somos la materia prima de lo que pretendemos construir y nuestra obra -personal y comunitaria- es el resumen, el fruto, de nuestra forma de ser y de estar. El concentrado de los valores que utilizamos y de la energía que irradiamos. De modo que lo importante hasta ahora, ha sido y aún es la "lucha", el colocón emocional que nos mueva a "pelear" constantemente, haciéndonos adrenalinadependientes. A establecer una relación agresiva con el medio y con los demás, viéndolos como enemigos o como cómplices, pero siempre, como rivales, que nos disputan el lugar de nuestros egos. Y ese estado histérico mueve el timón del barco social, laboral, familiar, deportivo, religioso y político. Es una especie de indignación contra todo, de regañina gruñona que alterna con el compadreo cervecero fumeta. Un desagüe de aguas fecales psicoemotivas, nada más. Inoperante, tóxico e inútil.
Pensábamos que el bienestar material asegurado, la abundancia y hasta el derroche eran el logro más alto al que podíamos aspirar, partiendo de un malestar social endémico y logrando la prosperidad material, llegar al bienestar con la máxima felicidad posible. Se nos ha escapado algo vital, en lo que no hemos reparado y que nuestro estado de conciencia social e ideológica no nos ha permitido descubrir: somos la materia prima de lo que pretendemos construir y nuestra obra -personal y comunitaria- es el resumen, el fruto, de nuestra forma de ser y de estar. El concentrado de los valores que utilizamos y de la energía que irradiamos. De modo que lo importante hasta ahora, ha sido y aún es la "lucha", el colocón emocional que nos mueva a "pelear" constantemente, haciéndonos adrenalinadependientes. A establecer una relación agresiva con el medio y con los demás, viéndolos como enemigos o como cómplices, pero siempre, como rivales, que nos disputan el lugar de nuestros egos. Y ese estado histérico mueve el timón del barco social, laboral, familiar, deportivo, religioso y político. Es una especie de indignación contra todo, de regañina gruñona que alterna con el compadreo cervecero fumeta. Un desagüe de aguas fecales psicoemotivas, nada más. Inoperante, tóxico e inútil.
La vida y el tiempo, la historia, nos están demostrando que hemos empleado erróneamente nuestro potencial y que ahora, al comprobarlo, es el momento de dar la vuelta a la pirámide y colocar en la base el estado del bienser y así poder bienestar. Para ello es vital colocar en la cúpula, que es el modelo al que aspiramos, no las ambiciones ni los poderes, que una vez conseguidos se vuelven contra nosotros, sino el poder ético, solidario, ciudadano. Cambiarnos de gafas, graduar la vista adecuadamente para no volver a confundir las dimensiones, volúmenes, límites, distancias, perfiles y contornos, curvas y rectas, líneas y puntos.
Una vez hecho el cambio de lentes, veremos que es el estado de bien ser, de bien pensar, de bien hablar, de bien callar, de bien escuchar, de bien hacer y de bien sentir, de bienamar, de bien mediar, lo único que nos puede conceder el estado de bienestar material. Incluido el equilibrio orgánico y la salud, e incluso la modificación y orientación del resultado de los acontecimientos.
Los comportamientos inerciales de la materia y sus circunstancias espaciales, temporales y modales, obedecen a nuestros estados mentales y anímicos, que son energía motriz o paralizante, que responde al filtro conductual con que funcionamos, mucho más que a una mecánica inerte. Para ello, para esa función de filtro, es imprescindible que valoremos la ética y su fruto,el bien común, por encima de todos los bienes. Ella nos permite la comprensión, la empatía, la cercanía, el respeto, la escucha, la resiliencia alquímica, y la resistencia ante los dramas y los reveses. La lucidez con su serenidad y su entusiasmo. Con su paciencia, que nunca es pasividad, sino certeza de que todo lo que nos sucede, lo podremos transformar en algo útil, fértil y aprovechable, tanto para nuestro beneficio, como para el beneficio de los demás. Superando la limitación fatal del enfrentamiento crónico e inevitable como un mal y no como un aprendizaje pendiente de humanización que resolver.
La ética y sus consecuencias ejercen una pedagogía natural que nos hace comprender que nada está definitivamente hecho ni determinado, que los cambios son tan importantes como las certezas sintéticas y analíticas del conocimiento, que son parte de ellas y ellas parte de los cambios. Que por eso el dogmatismo y la cerrazón nos impiden crecer y mejorar, que la verdad no es un tocho inamovible que sólo pertenece al dogma que mejor encaja con nuestras fijaciones y programas de falsa seguridad, hija del miedo a perder, a perdernos, a sufrir, a ser ignorados, a morir...Que buscando la libertad para nuestras limitaciones bloqueamos la libertad real del todo en nosotros y viceversa.
Hemos puesto, durante siglos, en la base el trabajo, la plusvalía, el esfuerzo, la pelea por ganar, por derrotar a otros, por triunfar sobre el anonimato de los otros... pero sin ética, sólo con leyes reguladoras y legalidades manipulables a gusto del poder que sirve al estado de malestar, sólo con ganancias y recompensas financieras y mercantiles. Trabajo por dinero. Estudiar para ganar más dinero. Para tener más cosas. Investigar para que un laboratorio o una empresa te haga rico mientras usan tus descubrimientos para matar la vida, contaminar y quitar la salud...O triunfar como artista al servicio del mejor postor, para propagar ideologías y apoyos interesados...Sin rastro de la ética, que tiene la llave de la despensa de la felicidad, la verdadera prosperidad. La ética es la linterna en el camino de la noche, la que no permite que te pierdas de ti misma, de ti mismo. Es la casa confortable que te procura el descanso pero te protege del letargo, de la atonía vital. Es relax mientras estás empeñada en las tareas más cansinas y extenuantes, la que te hace fuerte en tu debilidad. Te permite fabricar nuevas herramientas para trabajos ingratos. Y tareas que parecen imposibles, pero que desde la ética se convierten en ideas felices, cuando menos se espera.
La ética es un infalible medidor de inteligencia y eficacia política y social. A más ética, más eficacia, más facilidad más democracia, más transparencia, más fluidez. A menos ética más ineficacia, más obstáculos, más barreras, más desgaste inútil, más corrupción y más desastres. Más fealdad en todo.
Sin ética en el vértice de nuestros valores sociales e individuales, es imposible conseguir una base de sólido y auténtico estado de bienestar. Todo lo que no vive en la ética es mentira y manipulación de ilusiones que dura lo que dura el dinero y el poder adquisitivo, que nos hace dependientes de los que lo manejan. Si cambiamos la forma de ver la pirámide, estaremos a salvo y no dejaremos que nos domine la mentira profesional de los que sólo quieren el poder y poseer los privilegios que el poder concede, a costa de nuestro estado ético-catatónico . De eternas víctimas deseando ocupar el puesto de sus eternos verdugos, para seguir siendo verdugos de sus contrarios.
Nuestra sociedad, inmadura por falta de ética o quizás falta de ética por inmadura, vive inmersa en lo que los psicólogos humanistas denominan triángulo de Karpman. Una relación-trampa viciada entre tres roles, que habitan la psique de cada uno de nosotros mientras no nos despertamos y nos ponemos a crecer de verdad: el perseguidor, la víctima y el verdugo. Papeles que van rotando en el rol protagonista según se presenta la ocasión. Que van del Superego al Ello, sin pasar por el Yo adulto ni por despistada casualidad. Se puede observar en los comportamientos y reacciones de los políticos, de los tertulianos, de los empresarios, de los obreros, de la familia y los amigos. Se diría que España entera, desde la monarquía y los gobernantes, a los bedeles, ordenanzas y botones sacarinos, incluidos los catalanes independentistas en su 13 Rue del Percebe particular, deberíamos pedir ayuda al Teléfono de la Esperanza. No es para menos la gravedad del caso.
Nuestra sociedad, inmadura por falta de ética o quizás falta de ética por inmadura, vive inmersa en lo que los psicólogos humanistas denominan triángulo de Karpman. Una relación-trampa viciada entre tres roles, que habitan la psique de cada uno de nosotros mientras no nos despertamos y nos ponemos a crecer de verdad: el perseguidor, la víctima y el verdugo. Papeles que van rotando en el rol protagonista según se presenta la ocasión. Que van del Superego al Ello, sin pasar por el Yo adulto ni por despistada casualidad. Se puede observar en los comportamientos y reacciones de los políticos, de los tertulianos, de los empresarios, de los obreros, de la familia y los amigos. Se diría que España entera, desde la monarquía y los gobernantes, a los bedeles, ordenanzas y botones sacarinos, incluidos los catalanes independentistas en su 13 Rue del Percebe particular, deberíamos pedir ayuda al Teléfono de la Esperanza. No es para menos la gravedad del caso.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Nubes y viento
El hilo conductor siempre fue el aire.
El primer habitante de la Esencia.
Antes de él la forma reposaba en la materia
y allí todo era denso. Era un empuje ciego.
Un proceso dual inaplazable.
Y la Esencia sabía. Sólo ella poseía el don.
Ella era el don. Y por eso fue el aire.
Desde entonces el aire es el testigo inmóvil
en el que se desliza la evidencia,
la multiplicidad,
la intemperie del sueño,
el párpado espiral de los sentidos,
el mar inacabado
donde siempre nos queda suspenso lo posible
El primer habitante de la Esencia.
Antes de él la forma reposaba en la materia
y allí todo era denso. Era un empuje ciego.
Un proceso dual inaplazable.
Y la Esencia sabía. Sólo ella poseía el don.
Ella era el don. Y por eso fue el aire.
Desde entonces el aire es el testigo inmóvil
en el que se desliza la evidencia,
la multiplicidad,
la intemperie del sueño,
el párpado espiral de los sentidos,
el mar inacabado
donde siempre nos queda suspenso lo posible
La verdad sobre el contrato de Íñigo Errejón. Hay probablemente dos irregularidades administrativas: la modificación del contrato tenía que tramitarse por escrito (no de forma verbal como se hizo) y Errejón no solicitó como debía la compatibilidad para cobrar de Podemos La publicidad de la plaza de investigador cumplió con lo que exige la ley y con los usos de casi todas las universidades españolas, pero es un sistema que favorece la endogamia y el amiguismo Que un trabajador compatibilice varias tareas y que un investigador social no cumpla con la cláusula presencial es algo común en la universidad
(Infolibre)
- Hay probablemente dos irregularidades administrativas: la
modificación del contrato tenía que tramitarse por escrito (no de forma
verbal como se hizo) y Errejón no solicitó como debía la compatibilidad
para cobrar de Podemos
- La publicidad de la plaza de investigador cumplió con lo que
exige la ley y con los usos de casi todas las universidades españolas,
pero es un sistema que favorece la endogamia y el amiguismo
- Que un trabajador compatibilice varias tareas y que un
investigador social no cumpla con la cláusula presencial es algo común
en la universidad
La voz de Iñaki
1 DIC 2014 - 09:19 CET
Yo no tengo la culpa
EL PAÍS
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Esa actitud del escaqueo ante las barbaridades se llama inmadurez social. Miedo a la responsabilidad y ninguneo absoluto ante la posibilidad de asumir las consecuencias de lo que hacemos. Y de lo que deberíamos hacer y no hacemos porque siempre esperamos que lo hagan otros, sobre todo "los que mandan", sin caer en la cuenta de que mandan porque nosotros lo hemos decidido así.
Ayer masacraron a un masacrador potencial, en un juego de locos previamente acordado vía "guasap". Tenía 43 años y era padre de un niño al que ha dejado huérfano. Se supone que a esa edad y con la responsabilidad que le correspondería tener, ese ciudadano tendría cosas mucho más importantes que hacer que asistir a una batalla campal propuesta como un juego, entre animales adictos al fútbol, que más que afición es válvula de escape de rabias, rencores, frustraciones y violencias amontonadas en el inconsciente personal y colectivo. La primera responsabilidad es de quien a una edad adulta y con un compromiso de paternidad o maternidad, toma la decisión de acudir al matadero sabiendo a lo que va. Las manadas destroyer se componen de individuos vacíos de todo lo que no sea la llamada de la selva y la rienda suelta a los instintos que es la única ley que conocen y cumplen fielmente sus adeptos. La excusa, esta vez, es el fútbol, pero puede ser una idea política o religiosa, o una ambición de poder o de dinero. O la envidia. O la rivalidad. Los celos patológicos del acomplejado, que no del enamorado. O la modalidad del machismo familicida-terminator. Cualquier cosa puede dar lugar a la barbarie cuando se es un bárbaro. Y ya está bien de que el muerto siempre acabe en los altares, por el mero hecho de haber muerto, que en el barullo de la brutalidad podría haber resultado él mismo un verdugo; la piedad y la compasión por un final tan triste o la empatía con la familia, no puede ni debe eclipsar que la responsabilidad primera y última de toda decisión es de la persona adulta que decide o no, participar voluntariamente en un acto vandálico. La segunda parte es el cinismo con que la "empresa" futbolera hace la vista gorda con la barbarie y el propio Estado que mira para otro lado estos peccata minuta, para no arruinar el mecanismo giratorio que espera con ansia la colocación de los ex-políticos de hoy en sus cloacas futuribles. Amigos, hasta en el infierno, que nunca se sabe en qué sección de las calderas abisales se va a terminar aparcando el porvenir.
Ayer masacraron a un masacrador potencial, en un juego de locos previamente acordado vía "guasap". Tenía 43 años y era padre de un niño al que ha dejado huérfano. Se supone que a esa edad y con la responsabilidad que le correspondería tener, ese ciudadano tendría cosas mucho más importantes que hacer que asistir a una batalla campal propuesta como un juego, entre animales adictos al fútbol, que más que afición es válvula de escape de rabias, rencores, frustraciones y violencias amontonadas en el inconsciente personal y colectivo. La primera responsabilidad es de quien a una edad adulta y con un compromiso de paternidad o maternidad, toma la decisión de acudir al matadero sabiendo a lo que va. Las manadas destroyer se componen de individuos vacíos de todo lo que no sea la llamada de la selva y la rienda suelta a los instintos que es la única ley que conocen y cumplen fielmente sus adeptos. La excusa, esta vez, es el fútbol, pero puede ser una idea política o religiosa, o una ambición de poder o de dinero. O la envidia. O la rivalidad. Los celos patológicos del acomplejado, que no del enamorado. O la modalidad del machismo familicida-terminator. Cualquier cosa puede dar lugar a la barbarie cuando se es un bárbaro. Y ya está bien de que el muerto siempre acabe en los altares, por el mero hecho de haber muerto, que en el barullo de la brutalidad podría haber resultado él mismo un verdugo; la piedad y la compasión por un final tan triste o la empatía con la familia, no puede ni debe eclipsar que la responsabilidad primera y última de toda decisión es de la persona adulta que decide o no, participar voluntariamente en un acto vandálico. La segunda parte es el cinismo con que la "empresa" futbolera hace la vista gorda con la barbarie y el propio Estado que mira para otro lado estos peccata minuta, para no arruinar el mecanismo giratorio que espera con ansia la colocación de los ex-políticos de hoy en sus cloacas futuribles. Amigos, hasta en el infierno, que nunca se sabe en qué sección de las calderas abisales se va a terminar aparcando el porvenir.
Estamos obsesionados por buscar culpables en vez de asumir y exigir responsabilidad. La culpa y el pecado los llevamos insertos en el carnet de bautizados y de españoles, por eso en cuanto hay la más mínima ocasión todo es culpar y defenderse por si acaso. Juzgar ,condenar lo ajeno y absolver lo propio. Pocas veces nos paramos a analizar serenamente y con honestidad las causas y los efectos de lo que vivimos y observamos a nuestro alrededor sin darnos por aludidos sin intentar la más mínima participación. Es curioso, participar en la lotería nos parece estupendo y no se nos ocurre que la lotería política y social es mucho más importante y no podemos reducir a cada cuatro años nuestra participación. Que luego pasa lo que pasa. Y todo lo que pasa está relacionado. Casi nunca se debe a la casualidad, sino a la causalidad.
Los presidentes de los clubs de fútbol afectados por el crimen de sus fans no asumen su responsabilidad; en efecto, ellos no han cometido el crimen, pero deberían reconocer que aunque no han matado a nadie, el medio y el modo en que hacen sus negocios no favorecen las buenas maneras ni la comprensión ni el civismo. Sino la ferocidad y la pérdida de control sobre las emociones. Y de ese estado de exaltación sacan unos beneficios impresionantes. Mueven los bajos fondos de las pulsiones, lo mismo que los alcahuetes y los burdeles, o los camellos que venden las drogas, y hacen de ese oficio una forma de vida y de lucro desmesurado. Todos ellos comercian con lo más bajo y degradante que destruye la dignidad humana, los derechos, la salud y la vida. Los futbolistas son la mercancía y el mercader al mismo tiempo. Y los jefes, sus banqueros y directores de escena. La futbolitis es un estado perenne de borrachera que ciega la inteligencia y altera las reacciones ante cualquier asunto que suene a provocación. La vena fanática del fútbol implica a muchos sectores que se benefician del cotarro. La contratación de jugadores. La organización de viajes multitudinarios de la afición, la fabricación de camisetas, banderines, pegatinas, chapas, apuestas en las quinielas, autobuses que se contratan para los desplazamientos, las canteras de alevines, etc...Todo ello acaba como todo lo que llena bolsillos sin contemplar otros horizontes: acaba con la inteligencia social para sustituirla por el aturdimiento mental y emotivo, por generar una caterva de brutos ensimismados por el panem et circenses, de los antiguos romanos, que es el fútbol en nuestros días.
Ahora los gladiadores son los futbolistas y los ultras futboleros el populus desnortado y embrutecido hasta la animalidad que mata por matar. Por divertirse, como los paletos unicejos de Gila, que se divertían muchísimo cuando un mozo trepaba a un poste de alta tensión para ganar la cucaña y se carbonizaba y finiquitaba como la cenicilla de un cigarro. Todos lo pasaban de maravilla menos la madre del mozo, a la que, cuando va a denunciar al ayuntamiento la muerte de su hijo, el alcalde le sugiere que si no sabe aguantar una broma se marche del pueblo.
Son ya muchas cosas juntas para no preguntarse qué nos pasa y qué debería pasar y no acaba de pasarnos. ¿Es normal que padezcamos la corrupción endémica, el meapilismo infame, la tolerancia absoluta al abuso de los que dominan, el pasmo que traga con todo lo que brilla, destaca y sobre todo, manda o quiere mandar compulsivamente, sea lo que sea y como sea, el obedecer por inercia sin más, el seguir como rebaño al que más grita, ofende, y apabulla, el aceptar las cosas "porque siempre ha sido así", "porque si lo han dicho en la tele debe ser verdad", o porque las impone alguien que se atreve a lo que los demás no osan atreverse, aunque sea un disparate como la corrupción, el caciquismo, el chanchullo, el pelotazo, el famoseo pringoso, la popularidad mediática, que lo mismo puede ser "cuañaooo" o una princesa del pueblo de diseño mediático, que ganar por goleada, o por votos de la ganadería mansueta tras el lider político que se impone "con dos co..", aunque nos esté contando una milonga, "pero qué bien habla, como calla a todos, y cuánto sabe, cómo domina...joder!"
Ahí lo tenemos. El padre del cabrito, la madre del cordero-borrego. El origen de esta especie latino-hispánica. Celta- mediterránea como la canción de Serrat. "Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino...tengo alma de marinero"- pendenciero, más bien. Y trilero. Y marrullero. Y buscapleitos y vivales con idioteces pero achantado, desorganizado y sumiso en lo fundamental. Meapilas gritón con dos copas de más, pero cobarde como un conejo de corral si alguien con glamour, labia, con peor carácter y más poder y más dinero, le pone firme. Capaz de matar a su mujer si es prudente y comprensiva, y no trabaja fuera de casa o gana menos que él, pero ser un calzonazos total si ella es ejecutiva y le dobla el sueldo, el reconocimiento profesional y el prestigio social.
Es hasta natural e irracionalmente lógico que de esa estirpe guerrera por evasión y despiporre, surjan estos especímenes que a falta de una guerra comodioshmanda, sólo disponen de un club de fútbol para matarse e inmolarse cual bonzos de la estupidez o jihadistas de la tontuna. Con unos presidentes de club de tarados y dirigentes políticos y sociales al mismo nivelazo de lucidez. La culpa no puede verse a sí misma, su propia masa y volumen se lo impide . No es posible tener lo que ya nos posee y nos tiene dominados. ¿Cómo van a tener la culpa, si la culpa es el ama, si la culpa son ellos?
Y ahora, una sugerencia. ¿Nos escandaliza esta bajeza borderline de nuestros enfervorecidos adeptos balompédicos? ¿Con qué se paga Messi sus evasiones y con qué se hacen millonarios los Florentinos de turno? Con el dinero de los socios y con los millones de entradas a los estadios. ¿Queremos acabar con ese estado de atrocidad y garrulismo? Entonces no es tan difícil. Con darse de baja masivamente de los clubs y no ir al fútbol hasta que éste prometa solemnemente humanizarse, civilizarse y suprimir las agrupaciones de bestias adeptas, sería suficiente.
Entonces, la culpa, de verdad de la buena, es de los que pagan y mantienen este circo de cretinez que han dado en llamar deporte cuando sólo es negocio sin entrañas, que se regodea en sus millones para fardar de equipo, mientras los paganinis se pudren a base de recortes, paro, precariedad y miseria. Como diría Anguita, os merecéis lo que tenéis. Y, me reafirmo en lo dicho: la culpa son ellos. Los que se privan de un libro, de un hermoso concierto, de una buena obra de teatro, de hacer un regalo a quien lo merezca, de dar una bella sorpresa a los amigos o la familia o de una buena acción solidaria, para mantener una enfermedad social que los arruina y los humilla, mientras los distrae a golpe de pelotazos.
Y ahora, una sugerencia. ¿Nos escandaliza esta bajeza borderline de nuestros enfervorecidos adeptos balompédicos? ¿Con qué se paga Messi sus evasiones y con qué se hacen millonarios los Florentinos de turno? Con el dinero de los socios y con los millones de entradas a los estadios. ¿Queremos acabar con ese estado de atrocidad y garrulismo? Entonces no es tan difícil. Con darse de baja masivamente de los clubs y no ir al fútbol hasta que éste prometa solemnemente humanizarse, civilizarse y suprimir las agrupaciones de bestias adeptas, sería suficiente.
Entonces, la culpa, de verdad de la buena, es de los que pagan y mantienen este circo de cretinez que han dado en llamar deporte cuando sólo es negocio sin entrañas, que se regodea en sus millones para fardar de equipo, mientras los paganinis se pudren a base de recortes, paro, precariedad y miseria. Como diría Anguita, os merecéis lo que tenéis. Y, me reafirmo en lo dicho: la culpa son ellos. Los que se privan de un libro, de un hermoso concierto, de una buena obra de teatro, de hacer un regalo a quien lo merezca, de dar una bella sorpresa a los amigos o la familia o de una buena acción solidaria, para mantener una enfermedad social que los arruina y los humilla, mientras los distrae a golpe de pelotazos.
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