domingo, 11 de diciembre de 2011

Sugerencias de Pablo Neruda


Recuerda que cualquier momento

es bueno para comenzar

y que ninguno es tan terrible para claudicar.

No olvides

que la causa de tu presente es tu pasado

así como la causa de tu futuro será

tu presente.

Aprende de los audaces,

de los fuertes,

de quien no acepta situaciones,

de quien vivirá a pesar de todo,

piensa menos en tus problemas

y más en tu trabajo

y tus problemas sin alimentarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor

y a ser más grande

que el más grande de los

obstáculos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Qué será antes el huevo de la paternidad responsable o la gallina de la educación?

Leo al siempre lúcido Odifreddi. Un dilema tremendo. Una adolescente embarazada de un albanés inmigrante está siendo obligada por sus padres a optar por un aborto que ella no desea. Quizás porque ama al extranjero inmundo y ya ama también a esa chispita de vida que han engendrado entre los dos. Es un problema salomónico, desde luego. De acuerdo en que esa muchacha es muy joven para afrontar la maternidad. Pero al querer que su hijo nazca está demostrando que no es tan inmadura como pudiera parecer. Tiene sentido de la responsabilidad y algún valor más allá del miedo y de la comodidad. Más bien se diría que la chica es más responsable que sus padres, ya que está dispuesta a afrontar el resultado de lo que ha elegido. Mientras que sus padres no son capaces de hacer lo mismo
Si la muchacha siendo adolescente y seguramente en edad de estudiar y formarse, no ha sido educada en la familia ni orientada sexualmente a la hora de tomar precauciones, los padres deberían mirar la cuota de responsabilidad que les corresponde y el respeto que deben tener por la decisión de esa hija a la que no han sabido ayudar antes del embarazo indeseable. Por muy adolescente e inmadura que sea, no se puede entrar en su intimidad como una manada de bisontes. Esa chica ama a alguien y quiere tener ese hijo. Y está dispuesta a tenerlo y a responsabilizarse de él. Creo que ahí ni la ley ni la familia ni la comodidad pueden ni deben interferir, sólo ayudar a que esa adolescente alcance su madurez a través de su elección, en la que también ha influído el tipo de educación y de valores que ha recibido. Luego, también hay una responsabilidad común que afrontar en familia. No se trata de una adulta. Ni de una violación. hay un vínculo de sentimientos profundos que no se pueden deshacer, sino herir y maltratar con la cerrazón y el rechazo.
Sería muy distinto si ese embarazo hubiese sido el resultado de un juego sexual intrascendente y la chica desease liberarse del feto y no mostrase el menor interés por ser madre. Entonces el aborto sería perfecto e incluso un bien recomendable para el futuro nonato. Se evitaría una vida seguramente desgraciada, marginal y concebida sin amor. Y un problema social de desarraigo. Pero se ve que no es el caso. Ella ama y ha concebido con amor. Eso es la garantía primera de la salud psíquica de una concepción. Si el amor ha sido el origen, el resultado es la vida válida y llena de posibilidades. Esa madre luchará y sacará adelante a ese hijo y la familia, el entorno y la ley misma deberían estar de su lado, lo mismo que lo deben estar cuando decide abortar porque no se encuentra en disposición ni con madurez suficiente para llevar adelante la gestación ni la crianza ni la educación del nascituro.
Teniendo en cuenta el origen del padre y la xenofobia de la Italia del Norte, se intuyen motivos "eugenésicos" importantes en la decisión de los padres que seguramente no habrían reaccionado igual si el novio de la chica hubiese sido un joven italiano y del mismo pueblo a ser posible. Pero un albanés, además. Un paria. Qué vergüenza tener semejante nieto ¿verdad?

En lo profundo de este dilema flota una carencia absoluta de lucidez, de sensiblidad personal, ética y social. Nada que ver con el catolicismo cerril que se opone al aborto y disculpa la pedofilia y perdona en el confesionario a los maltratadores inconfesos o confesos, a los violadores de hijas o hijos, sobrinas o sobrinos, a los adúlteros recidivantes, a los padres pésimos e irresponsables, pero que van a misa los domingos y fiestas de guardar. Es que no son albaneses sospechosos que van embarazando novias adolescentes italianas para casarse y adquirir la maravillosa eurocarta de ciudadano mundial de primera clase. El pedigrí. Ahí está seguramente la clave del empeño de esos padres de manga ancha en la educación y de manga de tubo, cuando no les gusta el resultado de sus actividades pedagógicas. Por un momento imaginemos que el padre de ese feto hubiese sido un "papi" a lo Berlusconi. Seguramente la idea del aborto les parecería un crimen. Ese futuro niño, por el contrario, sería como si les hubiese tocado el pleno del tottocalcio o de la loto.
No nos engañemos, ningún sentido común, ninguna ley humana ni divina, puede solucionar ni rellenar con sus preceptos inservibles el agujero negro, inmoral e incívico, inhumano, que la falta de educación y de valores reales lleva milenios excavando en la sociedad que conocemos y sufrimos.
Donde sólo preocupa el dinero, la seguridad, la imagen, el prestigio, el poder, el capricho y la comodidad, a cualquier precio, no hay sitio para el hombre real. Ni para la reflexión. Ni para la coherencia que supera la ley con los sentimientos y la generosidad. Y mucho menos para el amor de una madre adolescente que no quiere abortar cuando el aborto es la solución para el honor(¡?) de la familia.

La gran lección humana y política de Francia

Esta semana el Parlamento francés ha decidido y votado penalizar socialmente la prostitución, es decir, por primera vez en la historia, además de multar a las prostitutas, se perseguirá penalmente a los prostitutos que las utilizan. Y les llamo prostitutos porque ellos también se venden. Tanto comercia el que vende como el que compra. Y quizás tenga más responsabilidad el que compra, porque es el que ostenta el poder que determina el mercado. Por mucha oferta que haya, sino no hay voluntad de compra no hay negocio, ya se ve en las recesiones económicas que arruinan los países porque nadie se atreve a invertir por si pierde su dinero. Esta dinámica sería perfecta para aplicarla en la desaparición definitiva de esa lacra social, humillante y degradada, que comercia con la dignidad humana, como en el pasado hizo la esclavitud. La prostitución, la guerra, como los toros o las peleas de gallos, el boxeo, la caza y la pesca como "deportes", son atavismos cavernarios que aún arrastra la humanidad, amparados en una absurda concepción "cultural" y tradicional, de los instintos más abyectos. Por eso es un verdadero alivio que de repente una sociedad como la catalana elimine las corridas de toros o que como la francesa, se empeñe en la desaparición de esa vergüenza "natural", que inexplicablemente aún mantiene en pie la aberración del comercio con el cuerpo y el sexo humanos, sean mujeres o sean hombres.

Está claro que hay mujeres en un estado tan decadente y desastroso, tan pilladas en el engranaje de la animalidad que deciden "libremente" prostituirse; por desgracia para ellas y también por fortuna para el resto, son una minoría. Quienes "libremente" deciden esclavizarse no están en un estado psicoemocional muy sano que digamos, pero al menos pueden decidir con quien, como y cuando aparearse y comerciar. Pero la mayoría de mujeres que se prostituyen no lo hacen por voluntad propia. Son víctimas de la incultura, de la ignorancia, de la explotación y de las tramas mafiosas que las tiene prisioneras y las obliga a ofrecerse a las demandas de cualquiera. Víctimas, muchas veces, de una tradición perversa, como los abusos desde la infancia o como la simple supervivencia, víctimas del engaño que les promete una "carrera" exitosa o un trabajo de camarera en un bar elegante y glamouroso, alto o bajo standing, de igual. La miseria es la misma, aunque tal vez cuanto más refinada aparece más repugnante resulta.
Nuestra cultura ha ido escondiendo siempre esta vergüenza bajo una pátina de estética barnizada de "arte" y de condescendiente liberalidad de costumbres, que disculpa y camufla la barbarie, tanto en la literatura, como en el cine, en el teatro, en las artes plásticas, en la música o en la publicidad y la moda, disociando por completo el placer obsceno de comprar y vender cuerpos y machacar almas a cambio de dinero, estatus, favores, etc, de la degradación ética y de derechos que supone tal burrada. Hasta llegar a una total normalización "picarona", pringosamente "pecaminosa" y bien vista en el mundo masculino, como rechazada por el mundo femenino más consciente y minoritario, por esa misma consciencia. Ya es tiempo de que cambie ese mundo cutre y penoso. Y es una buenísima noticia que la douce France, que durante siglos ha convivido con la idea de la golfería profesional como sus creaciones de las amantes reales, prostitutas de lujo con muchísimo poderío en las cortes de los Luises, del cabaret, el can-can, las cocottes, el mito facilón de Place Pigalle o Le Moulin Rouge, sea la primera sociedad europea que se lanza sin prejuicio alguno, contra la explotación del cuerpo y la integridad femeninos y a favor de un nuevo mundo más civilizado, respetuoso y feliz.
En medio del eurocrack, esta buena noticia es un motivo hermoso para levantar el ánimo. Una sociedad que trata de eliminar una lacra milenaria como la prostitución, en medio de un apocalipsis mercantil que está asfixiando la vieja concepción plutocrática y pidiendo a gritos otro camino, está bastante mejor de lo que parece. Por eso hay motivos para la esperanza.

jueves, 8 de diciembre de 2011

"Nuestro miedo más profundo no es el de ser inadecuados. Nuestro miedo más profundo se debe a que tenemos un poder ilimitado.Lo que más nos aterroriza es nuestra luz, no nuestra sombra. Nos preguntamos ¿quién soy yo para mostrarme brillante, espléndido, fabuloso y lleno de talento? Pero en realidad, ¿quién eres para no mostrarte así?
Eres un hijo de Dios. El hecho de que juegues a ser menos de lo que eres no beneficia al mundo.El hecho de reducirte para que los demás no se sientan inseguros a tu lado no es nada recomendable. Hemos nacido para manifestar la gloria de Dios, que habita en nuestro interior y no está sólo en algunos de nosotros, ¡está en todos!

A medida que dejamos brillar nuestra luz, inconscientemente damos permiso a los demás para que hagan lo mismo. A medida que nos liberamos del miedo, nuestra presencia libera automáticamente a los demás."

Nelson Mandela. Discurso de la toma de posesión de la Presidencia de Sudáfrica, 1994

miércoles, 7 de diciembre de 2011

15M personal o la r-evolución interior (III)

Uno de los logros más importantes del 15M en el cambio de conciencia es que aporta una visión positiva y llena de esperanza en la base real del cambio: ha nacido sobre todo de la necesidad personal de transformarse para transformar el medio y de transformar el medio mientras nos transformamos personalmente en ese mismo movimiento. En el enorme espectro de la misma onda renovadora hay tantos niveles de comprensión y de conductas como culturas diversas y nos encontramos compartiendo inquietudes sociales y urgencias idénticas, con bagajes personales muy distintos. Una de las cualidades estupendas de esta oportunidad es la pedagogía del compartir, el convertirnos mutuamente en maestros y alumnos del convivir solidario. Es una democracia vivísima y potente. Transformadora. Llena de impulsos que lo mismo pueden llevarnos a la creatividad y a la expansión de un nuevo civismo de alto nivel humano, como corremos el riesgo de trivializarlo si no sabemos salir del tópico, de la tentación de volver atrás, a los viejos conceptos del cenizo hispánico
Hoy podemos trabajarnos un poco esas actitudes, que siendo tópicamente "muy humanas", nos alejan de convertirnos en plenamente humanos. Por ejemplo, interpretar constantemente la indignación como un cabreo y una ocasión para desfogarse. Una rabia sorda que no sabe nada más que quejarse, despotricar y crear mala uva. Está muy bien experimentar indignación y soltar un taco de vez en cuando, pero cuando esa indignación se reduce al taco y a más de lo mismo nada más, bloquea la inteligencia, paraliza los procesos creativos que ayudan a encontrar soluciones, se convierte en inutilidad rutinaria, desaliento y vacío. Ejemplo práctico: ayer en una concentración a favor de una sanidad justa y sin arbitrariedades delictivas, se desperdició la ocasión para ir un poco más allá de la rabia, muy justa, pero inútil si se queda en eso. Los promotores de la idea no tenían nada claro que ofrecer. Se trataba de que cada uno de los presentes gritase en el micrófono lo primero que salía de su furia incentivada por el desgobierno que sufrimos. Motivos, los tenemos todos, pero hay que superar ese estado de shock permanente. Es una lástima desperdiciar una ocasión así para no hacer nada más que despotricar. "Cabrones al paredón!", por ejemplo, "sinvergüenzas, canallas, hijos de puta!" y así una hora y pico, con la sola excepción de un joven lúcido que hizo un paréntesis para explicar el timo del co-pago, que es en realidad re-pago, es decir, pagar otra vez por lo que ya estamos pagando por medio de los impuestos indirectos. Dineros que en vez de usarse para la sanidad o la educación, la ley de dependencia o las necesidades urgentes de vivienda o infraestructuras necesarias, van a parar a los eventos de Calatrava, Urdangarín, Francisco Correa y sus adláteres o al aeropuerto sin aviones de Carlo Fabrini, a las arcas del PP o a los regalos indirectos como los trajes, joyas y bolsos de los conseguidores y facilitadores cuyos nombres ya hemos recordado tantas veces, que no vale la pena repetir.

Hay que cambiar también el potencial de la rabia y reconducirlo hacia la inteligencia. Que nuestro verdadero poder no sea el insulto oral contra el insulto social y político al que estamos sometidos por obra y gracia de nuestro propio voto o de nuestra irresponsable abstención, ya sea en blanco ya sea en nulo. La rabia contra los opresores se tiene que canalizar en ideas para libarse de ellos, no para perpetuarlos en nuestra indignación y dedicarles tanta energía, que sólo sirve para aumentar la sensación de opresión y de desaliento.

Es interesante que practiquemos un método que nos libere al mismo tiempo de la rabia que del poder de quienes nos la provocan. Y eso puede ser un poco de ejercicio reprogramador neurolingüístico. Revisando las palabras que decimos habitualmente, los tópicos del perdedor, la gramática parda de los que no levantan cabeza y viven frustrados y resignados a su desesperación y convencidos de que nunca les pasará nada bueno, sin darse cuenta de que "lo bueno" o "lo malo" sólo depende del modo en que nosotros gestionamos éticamente lo que nos sucede. Cuando hacemos estas revisiones personales, descubrimos estados de bienestar profundo que nos calman y nos dejan ver la realidad. Adquirimos autonomía de visión y de regulación de nuestras inclinaciones naturales y las podemos adecuar a lo que necesitamos obtener dentro y fuera de nosotros. Es decir, modificando nuestras ideas, modificamos nuestro lenguaje y viceversa, a base de modificar conscientemente nuestro lenguaje modificamos también nuestras ideas y nuestros actos. Nuestro modo de convivir y de transformar nuestro entorno. Veamos en la práctica qué han conseguido a lo largo de la historia las revoluciones violentas, los desfogues por saturación popular. Guerras. Genocidios. Invasiones. Venganzas sangrientas que han generado odio y rencor histórico que incapacita para alcanzar el verdadero bienestar, que no consiste en tener tres coches y dos apartamentos mientras se muere de estrés o se maltrata a los seres queridos por pura psicosis neurótica. Por desestructuración patológica de la personalidad. Por vivir a ritmo inhumano y autodestructivo. Inconsciente.

Podemos intentar hacer una lista de palabras y expresiones que usamos normalmente para expresar nuestra rabia y nuestra indignación. En una hoja escribimos una columna a un lado, con esas frases y cuando la hayamos terminado, en paralelo y en el mismo folio, escribiremos la traducción de lo que hubiésemos querido obtener en realidad cuando la rabia nos estaba bloqueando. Por ejemplo:

"¡Cabrones al paredón!"......................................Necesito una salida justa a mi problema concreto
y he dejado que personas inadecuadas piensen por mí.
Que ahora les insulte y quiera matarlos, no va a arreglar mi
problema. Da igual quien gobierne si yo lo dejo todo en
sus manos. Necesito aprender a gestionarme. A participar.
Construyo otra frase: " Mi responsabilidad y mi conciencia son la llave de la solución"

Cuando se haya terminado la lista completa en ambos sentidos, podemos respirar serenamente la energía que se ha ido concentrando en nuestra mente y en nuestra emoción. Veremos que todo se ha modificado en nuestro interior, que somos capaces de hacer un escrito con la reclamación justa, asesorarnos consultando a personas expertas, denunciar nuestro problema si es necesario en los medios o ante la justicia, manifestarlo en la asociación del barrio, asociarse con otros ciudadanos igualmente afectados y empezar a construir lo que falta, a sustituir lo que no funciona, pero empezando por uno mismo. Lo demás llega a continuación como resultado de una causa que hemos puesto en marcha, sustituyendo el veneno por el antídoto.
El descubrimiento de que se es capaz de realizar estos cambios fortalece el ánimo y da seguridad en lo que hacemos. Nos aumenta la fe en el proceso y la esperanza en lo que llegará con el esfuerzo de nuestro cambio de un nivel animal pensante al de humano autoconsciente, capaz de pasar del automatismo de la manada a la ciudadanía responsable y capaz de superar los obsatáculos. Del hundimiento y la manipulación, a la renovación y la salud cívica y personal.

domingo, 4 de diciembre de 2011

15M personal o la r-evolución interior (II)

En estos tiempos de vuelta obligatoria a la sensatez, este cesto chufero se propone en plan modesto y sencillo, como siempre, abrir paso a una actitud que supere la denuncia y vaya un poco más lejos y más cerca. Ya nos hemos batido el cobre denunciando y tratando de sugerir actitudes cívicas para construir. Hemos arado y removido la tierra durante un par de años . Quizás ahora, para que el cultivo sea real y posible, nos falten las semillas. La siembra en profundidad y debamos descubrir y ahondar en el lado personal, para equilibrar la balanza del cambio.

¿Creemos que es posible que aparezca por arte de magia un mundo mejor, si en nosotros no se producen cambios personales a mejor? ¿Pueden superar una crisis gravísima unas personas que están aún funcionando por dentro como muñecos teledirigidos por prejuicios, miedo, ambiciones, mentiras, egoísmo, despotrique constante, tópicos resignados o inutilmente indignados por comparaciones acomplejadas que reducen la autoestima y la propia valía mediante la envidia, el rencor social y la frustración ante los abusos, por oscilaciones estériles entre un victimismo y una rabia animal que sólo producen más de lo mismo? Si creemos que con la misma mentalidad y las mismas actitudes y la misma ausencia de valores con que hemos llegado al borde del abismo vamos a poder superarlo, estamos frescos. Si creemos que cualquier Rajoy, cualquier Rubalcaba, Merkel o Sarkocy nos van a sacar del pozo donde ellos mismos se han caído con nosotros, no sólo estamos frescos, sino además, idiotas. La salida de este túnel solo será posible si nos ponemos en marcha personalmente y no nos quedamos esperando que alguien, en la misma situación, nos regale el milagro de una salida irrisoria y chapucera.

Al mismo tiempo que tratamos de hacer un cambio de estructuras sociales, hay que trabajar personalmente la recreación de nuestra esencia individual. Fíjemonos bien: ¿pueden conseguir algo válido quienes ni siquiera se han planteado si son algo más que animales bípedos, ansiosos y pensantes, para qué están aquí, qué función tiene su existencia, a parte de vegetar cada día, de conseguir dinero, placer, reconocimiento de los demás o hacer lo que a uno le apetece en todo momento, o sea, conseguir poder? está claro que hemos vivido milenios en ese plan y que en realidad, aún nos falta alcanzar el objetivo real de la existencia. La calidad verdadera de vida. Y olvidados de ese objetivo, alucinados por el dominio y transformación de la materia en nuestras manos y por los resultados siempre efímeros, que acaban por perder su interés y valor en cuanto los poseemos, no saben salir de esa inercia, de ese hambre insaciable. Y sobre ese agujero negro sin fondo, se ha construido la sociedad bulímica y compulsiva que ahora agoniza. Esta crisis nos está revelando mucho más de lo que creemos, el miedo que gobierna el mundo camuflado de prisa, de descontrol vertiginoso, de pánico e inseguridad, es el último enemigo íntimo, autoproducido, segregado por la glándula de la inconsciencia, que deberemos derrotar para empezar a ser de verdad lo que aún no hemos conseguido ser: seres humanos en plenitud, en vez de animales precariamente racionales en transición hacia un estado mejor.

Nuestro 15M personal no puede limitarse a la lucha, que es una tentación primitiva. Luchar presupone ya un enemigo al que hay que vencer y destruir. Fatal error. No es lucha, sino esfuerzo, resiliencia que fortalece y optimiza los aparentes "fracasos". No es enfrentamiento sino cooperación. No es victoria sobre algo o alguien, sino el sacrificio, la ofrenda de lo que nos estorba, que no es machacarse, sino abandonar algo inferior y primitivo, por algo superior y evolucionado. Por ejemplo en la última cena Jesucristo invita a ese sacrificio, no con la destrucción de sí mismos, sino con la sustitución de la crueldad del sacrifico animal, por la transformación de nosotros mismos en pan y en vino, en alimento amoroso e inteligente para los demás. Algo que se repite mecánicamente en las misas, sin que tenga ninguna repercusión en el cambio personal de los devotos, que pocas veces suelen saber qué significa lo que observan desde los bancos. O simplemente piensan que ser espectadores dominicales de lo que no entienden es el billete de un cielo, que nás bien sería un infierno en tal grado de dormición y en semejante actitud.
Lo podemos observar y comprobar en la misma naturaleza. Los minerales son los elementos más materializados, los que no poseen vida orgánica; podríamos pensar que son inertes y que no tienen vida alguna. Sin embargo su función es mantener en la tierra al mundo vegetal, ellos aportan las sustancias básicas de los oligoelementos imprescindibles en la nutrición de las plantas, en crear la savia bruta que asimila la luz solar en la fotosíntesis que hace posible la vida en el planeta. Los vegetales tienen vida orgánica, son imprescindibles para la vida animal y la oxigenación de la Tierra, pero no se pueden mover ni pueden expresarse con movimientos voluntarios. Entonces su sacrificio, por el que participan de una vida superior es ser alimento, calor, perfume, vestido, casa o nido y medicina para animales irracionales y humanos. Por su parte los animales no pensantes y sin más conciencia que la de su especie, se realizan en el sacrifico de la compañía humana, al ser útiles en la evolución del hombre, ellos participan de alma del hombre por medio de la emoción, de la nutrición, del trabajo, de la compañía, del aprendizaje, de la convivencia. Lo mismo que plantas y minerales realizan funciones "sacrificiales"evolutivas al participar en el sentimiento humano que crea la capacidad vivificadora de la belleza.
Por último el sacrifico del hombre para ascender desde la animalidad al reino del espíritu a través del puente de la consciencia, consiste en abandonar los comportamientos animales e injertarse en los comportamientos divinos, es decir, plenamente humanos superiores. Y eso se produce cuando ya no hay impedimentos ni barreras que por medio del egoismo primitivo nos aíslen de los demás miembros y seres, no sólo de nuestra especie, sino de toda la creación, en esa vertiente elevada y "sacrificial" donde toda vida es una. La respiración ilimitada del infinito. O sea, lo que muchos llaman Dios.

Ahora, si quereis, podeis hacer el ejercicio de releer este texto y de observar qué se mueve dentro de vosotros en esa lectura. No es un ejercicio mental ni consiste en hacerse un resumen, sino en respirar lentamente cada idea que aparezca en vuestro interior y dejarla libre. Luego se trata de que observeis, un poco desde "fuera" el estado que teneis "dentro". Pueden producirse movimientos del cuerpo, reacciones, como toser, estornudar, alguna tensión muscular, sensaciones térmicas de frío o calor, o una pequeña sensación de picor de nariz o de cualquier zona del cuerpo. Fijaos bien donde se producen estas señales, porque indican a qué nivel podemos estar bloquenado un zona de nuestra conciencia. Si la reacción es en la cabeza, indicará que es la mente donde está la barrera. Si es en los hombros o en la espalda, será la sobrecarga con que enfocamos la vida, como un peso. Si la señal es en los ojos, puede indicar que no estamos muy dispuestos a ver lo que hay en realidad, si es en los brazos y manos, revela que nos cuesta regular el dar y el recibir, el hacer y el descansar. Si fuese en las piernas y en los pies, podría indicar que tenemos un problema con el camino y la dirección, o bien porque nos movemos demasiado y sin rumbo o bien, porque tememos movernos y no podemos ponernos en marcha hacia la salida de las situaciones que nos impiden avenzar...
Bueno, si escuchamos nuestras señales en ese estado de calma y de observación, se irán revelando cada vez más cosas de nuestro mundo personal y también desbloqueando percepciones nuevas de la realidad y sus posibilidades. Irá desapareciendo la desconfianza, el temor a la catástrofe imprevista, incluso a la enfermedad y a la muerte.

Buen domingo y que disfruteis cada momento, cada mirada, cada respiración, como un regalo de la vida y una invitación a mejorarla desde uno mismo.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El 15M personal

La indignación popular ante la injusticia y la corrupción es un síntoma de salud cívica. Si la situación actual no nos indignase mayoritariamente estaríamos a la altura evolutiva y inconsciente de los minerales. La indignación actual es terapéutica e imprescindible. Pero incompleta si sólo se queda en movimiento colectivo. Quiero decir, si sólo se limita al terreno de lo público, si esa r-evolución indignada no nos hace ver la necesidad igualmente urgente de una revisión y de un cambio personal imprescindible de valores privados si queremos que las cosas cambien de verdad en este mundo.

Hay preguntas de examen que deberíamos proponernos cada día para ir revisando nuestro avance personal, teniendo en cuenta que el verdadero cambio se produce, no porque una multitud enfurecida exija sus derechos, sino porque la mayoría de los miembros de esa multitud tienen un camino interno de crecimiento, de conciencia, de inteligencia y de amor. Sí, de amor. Que no es el de las películas y telenovelas. Sino el amor que mantiene la vida sobre la tierra y el orden de las cosas que se traduce en solidaridad, en compasión (que no es "lástima", sino inteligencia empática. Viene del latín com-patere, que significa compartir profundamente lo que duele, lo que se sufre y también del griego synpathós, sufrir con, que nosotros hemos heredado morfológicamente como simpatía, cercanía, caerse bien uno al otro, afinidad) Un amor que crea de la nada, que produce ideas, que las ofrece y las comparte, que las mejora y las enriquece, no sólo con dinero, sino con la calidad de vida que permite disfrutar la existencia mejorando las existencias de todos.
Ahora reflexionemos un poco más profundamente y preguntémonos cómo anda nuestra calidad de vida interna, particular, que es el sustento de la otra manifestación colectiva. ¿Cómo están nuestros sentimientos que son el combustible que pone en marcha nuestro tren diario? ¿Qué puedo aportar para mejorar algo, si mi mundo personal está bloqueado, irritado, hundido en el malhumor y en la frustración, si en vez de ver problemas y posibles soluciones sólo veo personas odiosas que impiden mi camino? ¿Qué ideas negras me poseen y me manejan, qué emociones descontroladas me impulsan a autocastigarme, a no quererme ni a querer a nadie de verdad? ¿qué malos humores sin motivo real me agrían el carácter y me separan del bienestar interno?
Ya es hora de que observemos la repercusión que nuestros estados de ánimo tienen en nuestro entorno. Y comprendamos que la única y verdadera libertad es interior. Es la capacidad lúcida de asumir la realidad propia para poder orientarla serenamente, felizmente. No podemos muchas veces evitar un situación desagradable y bloqueante, pero sí tenemos el poder de no dejarnos aplastar por ella y para eso necesitamos crecer por dentro, estar despiertos, controlar la energía de nuestra mente y de nuestras emociones, que se condensan en el sentimiento. El sentimiento es el sentido vital aceptado y comprendido, la sustancia racional emotiva de nuestra vida. Pero tropezamos con que dentro de nosotros hay resistencias imprevistas que desde una oscuridad indetectable, se convierten en obstáculos para la comprensión, que se unen al problema externo con la misma acción bloqueante. Esas resistencias son esquemas viejos, heredados por genética y reforzados por la educación, la costumbre de las inercias y por el medio ambiente. Son clichés o chips, que filtran y condicionan la percepción de la realidad. La deforman. Y nos privan del equilibrio y por ello, de reconocer la verdadera magnitud de las cosas y de encontrar las soluciones nuevas a los problemas viejos.

Necesitamos un camino interno para poder asumir los caminos externos. Un laboratorio interior que produzca la medicina, las vitaminas y la nutrición que nos sanan y nos mantienen en medio del mundo. El camino de la autoconsciencia, de la toma de contacto responsable con nosotros mismos, con los demás y con la vida. Con el medio y con el sentido de nuestras acciones.
Hay varios modos de autoconectarse con el generador interno. Es muy sencillo hacerlo. Lo primero que necesitamos es la noticia de que "ese" centro existe. Que no somos solamente un paquete de reacciones mecánicas, sino que todo lo que sucede en nosotros y en nuestro entorno, está conectado por sí mismo, pero somos nosotros los que tenemos que descubrirlo. Nadie puede hacerlo en nuestro lugar, como nadie puede respirar o comer por nosotros. Es un fallo de las religiones y de las sectas esotéricas, por ejemplo, ofrecer "la salvación" por el sólo hecho de creer en una idea y practicar unos ritos mentales y corporales mágicos con la sola idea inducida de perfeccionarse a sí mismos, sin una visión trascendente de la función evolutiva. O sea, para tener una vida cómoda, abundante y placentera. Como animales de lujo. Muy ceremoniosos y devotos, pero, sólo animales refinados. Que cuidan de su manada y se asocian para protegerse. Con crueldad refinada, maldad con sordina, voracidad minimalista pero intensa y avaricia acumulativa del territorio, de los recursos y del poder del más fuerte.
Sin embargo la "salvación" o la redención, es el despertar de las zonas más conscientes, inteligentes y elevadas de nuestra esencia humana intelectiva y amorosa. Lo que por fin nos convierte en seres humanos autónomos y verdaderamente libres de la animalidad automática y sus reacciones como el miedo, la ira, la lujuria posesiva, la venganza, la envidia, la pereza o la soberbia. No se trata de eliminar la pasión, el entusiasmo por la vida, que es fuego del espíritu sin el cual no viviríamos ni un minuto, sino de conocer y modificar las pasiones inferiores, que crecen como las hierbas venenosas o inútiles al pie de un gran árbol, que creemos tan connaturales en nosotros y que en cambio nos impiden avanzar y crecer. Son cadenas que nos atan a la roca de Prometeo, el héroe bien intencionado pero sin recursos. Es igual que la mala medicina que ahora nos "cuida", pero no nos sana, sino que nos receta fármacos y tratamientos con efectos secundarios, o sea, que nos cura el síntoma y nos enferma, debilita e intoxica el sistema orgánico. Necesitamos la pasión por la vida superior. Esa pasión no sólo no desgasta ni defrauda, sino que eleva, abre la mente y depura ideas y emociones, genera sentimientos creativos y bellísimos.

Ahora, que ya tenemos la noticia que nos conecta, observemos nuestra reacción interna al leer su manifiesto. ¿Qué nos está produciendo la lectura de este texto? Fijémonos en el estado que tenemos mientras leemos: ¿Incomodidad? ¿Incredulidad? ¿Molestia? ¿Ganas de cerrar la página y pensar en otra cosa? ¿Enfado e irritación? ¿Un montón de argumentos científicos en contra? ¿O por el contrario, paz, cierto optimismo, aorpresa, extrañeza, o bien cierta identificación porque sentimos que esto ya lo "sabíamos" pero no lo podíamos reconocer porque nunca nos hemos parado a mirarlo desde dentro o acaso nos faltaba un código para descifrarlo?
Ya hemos practicado un primer ejercicio básico para asumir la noticia de la autoliberación. Para detectar los clichés que tenemos adheridos a la mente, a la emoción y a la inercia. A la rutina de la falsa seguridad que produce no estar seguros de nada, pero que es la única certeza que tenemos. Es el primer paso de la honestidad racional e inteligente. A partir de aquí, ya ha comenzado un cambio sutil e importantísimo en nuestra energía vital, hemos empezado a vibrar más alto, a salir del agujero mecánico que tanto nos desespera porque dentro de él nada cambia nunca, no hay salida, es un circuito cerrado y enrarecido. Mortal de necesidad porque es estéril y nos cierra las salidas.
Un paso más: comparar el estado inicial que teníamos al comienzo de la lectura y el que tenemos en este momento. Cómo estábamos al inicio del texto y cómo nos sentimos ahora. Tomamos conciencia, la respiramos varias veces profundamente haciendo que el aire llegue al estómago y al vientre, llenamos la caja torácica y soltamos la respiración con suave intensidad, como liberando la fuerza interna y dejándola en el aire mismo. No juzgamos nada. No nos acusamos de nada. No hay culpas de nadie. No hay "perfecciones" ni niveles que conseguir. Sólo hay un espacio interior que se ensancha y unas ondas de sensaciones sin ideas que se mueven en nosotros. Y "algo" en nosotros mismos observa, como desde fuera, este proceso.

Por hoy, creo que ya tenemos bastante. Si conseguimos repetir este ejercicio con cualquier texto o visualización o situación que vivamos, como una alegría, un dolor, un imprevisto, una preocupación, un proyecto, un problema, veremos mucho más de lo que habitualmente vemos. Y empezaremos a experimentar nuestro ser, a conocer aspectos hasta ahora ocultos de nuestra personalidad, de nuestro carácter, de nuestro temperamento y mucho más rápido de lo que imaginamos estaremos insertos en la corriente universal de la salvación real. Y no sólo propia, sino solidaria también. Porque en el rescate humano, nada ni nadie está aislado si no se lo propone y se encripta y voluntariamente se encierra y se muere por dentro, que es mucho peor que morir físicamente.

Para que el movimiento transformador del mundo crezca y no se apague, necesitamos, imprescindiblemente, cambiar como individuos. Renacer. Liberarnos de las ataduras absurdas, recuperar la salud interna, eliminar violencia, mentira, crueldad, inconsciencia, corrupción mental, de los deseos, de las justificaciones y de los miedos. Aprender a mirarnos de frente y a aceptar lo que somos, para poder cambiarlo a mejor y madurar, no por narcisismo perfeccionista ni elitista, infantilón, sino por amor e inteligencia. Por el bien común.