jueves, 15 de septiembre de 2011

¿En qué quedamos?

El agravamiento de la crisis

La decisión de los bancos centrales de inundar de dólares el mercado dispara las Bolsas

El BCE y la Reserva Federal, entre otras entidades monetarias, se movilizan para inyectar liquidez en la divisa estadounidense.- El Ibex 35 sube un 3,36% y el euro remonta

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Todo es deuda. Y sigue el curso del tobogán cuesta abajo y sin frenos. Si los bancos tienen tanto dinero acumulado como para llenar repentinamente de dólares el mercado y disparar las bolsas, quiere decir que están jugando a estresar la economía. ¿Por qué no han utilizado esos miles de millones de dólares, antes de la debacle, para regular el empleo, crear posibilidades y garantías sólidas que no dependan de los créditos sino del ahorro y que sea la inversión en nuevos proyectos sostenibles, el resultado de ese ahorro? ¿Es que no se dan cuenta de que el sistema ya no sirve? ¿de que estos remiendos superficiales son pan para hoy y miseria y hambre para mañana mismo? ¿no comprenden que el agujero negro que se ha generado por la ambición sin límites se acabará tragando en cuatro días todo lo que se invierta, mientras los paraisos fiscales hagan su santa voluntad así en la banca como en el mercado y la especulación en bolsa sea el cáncer devorador de todo fondo de inversión producto de la avaricia y de la prisa?

Ese gesto de inyectar dinero sería perfecto si en vez de hacerse con el agua al cuello, se hubiese hecho hace tiempo con previsión e inteligencia. Pero ni los premios Nobel de economía, ni los financieros, banqueros e inversores, ni los políticos, que son marionetas mercantiles quieran o no, han estado ni están aún por la labor. Por ejemplo, Yunus, el profesor indio de economía creador e impulsor del sistema de microcréditos, que le valió el Nobel, ha pasado como una anécdota curiosa por la historia del dinero. No se ha tenido en cuenta el valor de su proyecto más allá de su entorno próximo. No se ha profundizado ni aplicado en este Occidente sabelotodo y torpe hasta superar cualquier límite de cretinez y miras bajísimas. Y sin embargo hubiese sido muy prudente y práctico, aplicarlo en la economía mundial, en vez de tomar como modelo único la anomalía, la histeria acumulativa y colectiva de Wall Street y sus agencias adjuntas, asesinas de la economía y de la lucidez, en una misma estocada.

De esta crisis no nos van a sacar ni el dólar ni el euro, sino la inteligencia y el compromiso de todos. Ahora esta inyección de fondos animará de nuevo el virus acumulativo-depredador. Este sistema no necesita "reanimarse" con más dinero para lo mismo, porque aún será más letal para todos. Este sistema necesita cambiar las bases morales del uso del dinero. Hacerse un honesto harakiri imprescindible. Comprender que la acumulación de todos los recursos en las manos de cuatro holdings mundiales, extendidos como redes maléficas y bloqueando cualquier cambio a mejor que no pase por su enriquecimiento megalómano-compulsivo, es un camino no sólo equivocado, sino hacia el exterminio de los recursos del Planeta, tanto naturales, físicos, como humanos y ecológicos. El sistema tiene que empezar a valorar más que le dinero y la acumulación de cosas y poderes, la calidad de vida, las alternativas mucho más productivas en el mejor sentido de la expresión. Ya no se trata de "cuánto" se puede ganar o perder, sino de "cómo", a qué coste, a qué precio cualitativo se está especulando. Bancos de ideas. Bancos de proyectos realizables. Bancos de solidaridad. Bancos de salud. Bancos de cultura y de creatividad. Banco de recursos y energías sostenibles. Bancos del bienestar inteligente. Otra banca. Otro sistema monetario que valore lo que de verdad es importante. Una sociedad así iría reeducándose, apuntándose a los pueblos y ciudades en transición, que van sustituyendo comportamientos y costumbres destructivas por todo lo contrario. El dinero o cualquier sistema de transacción debe estar al servicio de esa clase de progreso y no al de la ambición personal o partidista. Inculta y zafia, embrutecida por ideologías talibanes, aferradas a lo de siempre.
Evolución, evolución y evolución. No hay más salida que aprender a enterrar lo viejo, lo absurdo, lo peligroso, para poder nacer de nuevo a un estado más alto y amplio de conciencia personal, local, social y universal. Dinero para reeducarse es dinero para sobrevivir con dignidad. No para suicidarnos asfixiados entre billetes de banco sin valor. Entre deudas falsas que nadie sabe de donde vienen ni a donde nos llevan. Los créditos no deben sobrepasar jamás la capacidad de pagarse a corto plazo. La construcción de viviendas no debe nunca llegar a desbordar la demanda con la oferta, sino estar regulada según las necesidades de las poblaciones. Mejor estimular la rehabilitación que la nueva construcción. Invertir en espacios verdes y su cuidado,en repoblación forestal y su mantenimiento. Invertir en parques eólicos y huertos solares, en empresas de reciclaje, que rentan muy bien y no entrampan a nadie. Suprimir el juego especulador del dinero en las bolsas y sustituirlo por esa inversión serena en banca útil y solidaria. Porque el único futuro posible pasa por esa reestructuración del uso del dinero, de las instituciones, de la sociedad y del individuo mismo.
Todo y todos necesitamos urgentemente invertir en sentido común y en inteligencia global, local y personal. Esos tres niveles equivalen a mente, emociones y cuerpo orgánico. Al super-yo, al yo y al ello, los escalones de la personalidad que Freud definió hace más de un siglo y que son los raíles por los que corre el tren de la conciencia humana.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Sálvese quien pueda, ¿pero cómo?

Las noticias económicas ya no saben como anunciar la caída en picado del sistema. Nadie sabe como afrontar la agonía de un mundo viejo, lleno de basura en todos los sentidos. Remedios de hoy, son el abismo sin fondo de mañana. La política y la sociedad se perdieron en los dividendos del gran globo vacío de una deuda gestionada por el vacío. Ahora la economía sin política ni sociedad vaga como el fantasma del Titanic, en la noche de los icebergs de una crisis imparable, creciente y extendida por todas partes. Un sálvese quien pueda, pero, ¿cómo?

Hay que actuar con rapidez y sentido común. No podemos andar ahora con florituras y tiras bordadas intentando ocultar el desgarrón incurable del mundo en picado. Europa ha fracasado como proyecto social y por ello, económico. Cayó en la trampa globalizadora y descompuesta de Ronald Reagan, el cow boy metido a gobernar el mundo como un scheriff del Far West. A pistoletazo privatizador. Arruinador de estados y potenciador de truts arruinadores. Han agotado el rebaño de vacas que daba la leche, han matado a las gallinas que ponían los huevos, han desertizado las tierras que daban trigo. Con la misma mentalidad depredadora con que Europa se apoderó de América y la pobló de ambiciosos e insaciables colonos. Ahora el karma histórico, multipliacado por el tiempo y la intensidad, le ha devuelto la jugada. Europa se hunde como identidad, porque se ha identificado con la precariedad inestable del valor del dinero, de un modo de malvivir confundido con un mucho tener y no ser. Este continente que tanto miedo tiene aún a los extracomunitarios, se desguaza a sí mismo sin que le invada nadie. El egocentrismo cuando se hace masivo, se convierte en xenofobia, en miseria moral, en pobreza económica. Europa ha perdido la oportunidad de ser la abanderada de otro modo de vivir. Se ha centrado en el concepto "mercado común" y con ese criterio, ha unido la moneda antes que el sentido y el alma. Europa se ha vaciado de ambos. Los ha perdido.

Hay quien, como en una nube soñadora, cree posible una rápida federalización europea. No se hará. Faltan las bases, que no pueden improvisarse. Y no hay tiempo. Ni dinero líquido. Ni gestores bienavenidos, ni conciencia de unidad. Ni capacidad gestora, ya ha quedado demostrado. Toda base necesita tiempo para formarse, adquirir valores que no tiene, una visión nueva y luminosa que los ojos, acostumbrados a la oscuridad del negocio y del poder, ni siquiera pueden percibir. La solución más eficaz, menos dañina y más creativa, es la disolución del ente europeo. La desaparición del euro, retomar cada país su economía, su mpneda, y levantarlas del derribo actual. Gobernar un solo pais y organizarlo económicamente es mucho más fácil que gobernar 25 países, cada uno con una historia social diversa del resto, con un concepto de trabajo, de economía, de ética laboral y de sociedad muy distintos. Una diversidad que bien orientada y mucho menos oprimida y estresada, puede resultar mucho más fácil de coordinar. Un conjunto de entidades pequeñas, bien gestionadas, puede cooperar en conjunto. Pero un batiburrillo de países desorientados, empobrecidos de repente, desempleados, endeudados, llenos de miedo y golpeados por las agencias de ultramar y los paraísos fiscales, las primas de riesgo y la recesión en aumento, no puede remontar la terrible pendiente del desastre cada vez más claro y próximo. Las grandes soluciones no sirven de nada si los integrantes de ellas, están desprovistos de autonomía para ponerse en marcha.

Cuando un barco se hunde irremisiblemente, porque los daños ya son irreparables, hay que abandonarlo mientras queden lanchas salvavidas para todos, antes de que el terror final bloquee a los tripulantes y a los pasajeros. Y todos se hundan juntos sin solución. Mejor hacer la evacuación mientras se pueda. Ordenadamente. Poco a poco. Como el riesgo de la deuda, pero al revés. Hoy, España, mañana Portugal, la semana que viene, Italia, Irlanda, Francia, Alemania, Grecia, Inglaterra...y así cada uno pueda ir recomponiendo el nuevo mapa económico del antiguo paisaje europeo. Un organismo enfermo debe recuperarse, cambiar la orientación que le ha causado la enfermedad, comenzar a nutrirse de otros alimentos. revisar qué hábitos son perjudiciales para su salud, qué sustancias le resultan tóxicas, y cuáles, imprescindibles, necesita y no asimila, para poder seguir viviendo en buenas condiciones.

La unión europea ha sido un matrimonio por interés desigual e infeliz. Ahora debe elegir entre un divorcio saludable a tiempo o una muerte lenta y dolorosa por autodestrucción. Entre litigios, reproches, traiciones, abusos, engaños y rencores. El matrimonio tiene como función ayudar a la felicidad y al bienestar de sus componentes. Y nunca se puede moralmente "salvar" la institución arruinándolos y destruyéndolos. Porque la institución sin ellos ¿qué sería? ¿Qué es una "europa" habitada por sombras sin futuro, tristes y frustradas, arruinadas y desmoralizadas, que ven en el vecino una amenaza de saqueo financiero, de ruina, a la que siempre habrá que "rescatar"en cualquier momento, pagando, a fondo perdido, un crack ficticio e insaciable?

Una buena eutanasia activa es la mejor opción para el vacío proyecto Europa. Mejor la muerte digna y oportuna de un concepto político-económico inservible en su actual estado, que la agonía perenne y desoladora de los seres humanos que lo han inventado, aprobado y votado. Lo que en un momento dado se aprobó, puede disolverse si no funciona y resulta perjudicial. No se han hecho las instituciones ni los estados, para que el hombre sea esclavizado por ellos, sino para que sirviéndose de sus recursos los use mientras le sirvan para mejorar, crecer y ser más feliz, más justo y más humano.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Queja, melancolía y madurez

Nuestro equipaje psico-emotivo heredado puede llegar a convertirse en un peso pesado sobre la espalda de nuestra vida personal, hasta aplastarla. Ese equipaje, que al principio de la vida nos sirve de referencia, tiene su cara y su cruz. Por un lado nos da seguridad y protección, porque está basado en patrones nacidos de usos y hábitos, que a través del tiempo han hecho su función educadora y domesticadora a la vez. Es decir a cambio de darnos seguridad nos recorta las alas del crecimiento holístico. Completo. Universal. Nos domestica para las habilidades materiales, pero nos priva del vuelo del espíritu que es en realidad el motor de toda vida. Erroneamente se considera "maduro" a quien "tiene los pies en el suelo" -¡y la mente también!- o sea a quien sólo valora lo que puede controlar y reconoce como afín a sus gustos, posibilidades y manejos y además le hace rico e influyente. A quien no ve nada más que lo que tiene materialmente delante. De ahí ha nacido el ralentí crónico de nuestra civilización mediocre, de ahí se ha considerado "genio" a quien durante su vida ha visto algo más, ha sido muy mal comprendido y explotado y postmortem, se le dedican monumentos o se le sube a los altares. Así no hay quien madure. A golpe de "genio" frustrado es imposible madurar y vivir con verdadera dignidad de hombres y mujeres completos. una humanidad que es una masa informe de resignados, de la que en cada generación salen unas cuantas anomalías geniales, es un fracaso global. Aunque haya aprovechado su talento para explotar los "inventos" de los "elegidos" y así vivir con comodidad, abundancia y fatal. Porque en realidad esa masa, cuando se acomoda no sabe qué hacer con su tiempo libre, su autonomía y su abundancia. Entonces, se autodestruye.

El proceso comienza desde pequeñitos, con la queja. El llanto insistente para que nos hagan caso y atiendan nuestras necesidades o caprichos. Las rabietas. Si nos atienden enseguida y nos facilitan todo lo que deseamos, nos convertimos en tiranos miserables e insatisfechos crónicos. Infelices. Exigentes. Desagradecidos. Déspotas. No somos niños sanos, sino emotivodependientes, que si no maduran arrastrarán esa tara durante el resto de sus vidas.
Si, por el contrario, no nos atienden y nos privan de lo que deseamos o necesitamos, se desarrolla la frustración.El rencor. La desconfianza en la vida y en los demás. Si tu familia te fallado, imagínate lo que hará el resto. La amargura que da el abandono afectivo en los primeros años de la vida desequilibra la percepción da la misma vida. Y segrega ese jugo tóxico de la recurrente melancolía. Que es el extracto, el aceite esencial de la infelicidad. Un fluído maléfico, la niebla enfermiza perenne que impide apreciar los colores reales de nuestro paisaje vital. Y la glándula que la segrega es el ego cuando se hipertrofia y pierde elasticidad y capacidad de comprensión y de adaptación a los estímulos y desafíos naturales de la existencia. Los griegos antiguos la definieron muy bien, como enfermedad. "Melan= negro," jolé"= cólico, dolor intenso. Y "melanjolía", estado perenne de cólico negro. Algo intimamente ligado a ciertos desarreglos hepato-biliares. Sin embargo a los antiguos médicos -mucho más sabios y observadores que los actuales- parecía interesarles tanto el aspecto orgánico como el psicoemocional y definieron como triste y apagado el estado pesimista de este mal oscuro. De modo que pocas veces será evidente qué es lo primero: la deficiencia orgánica o el desjuste psicoemocional del carácter.

Y luego hay que fijarse en las consecuencias de este proceso. Porque lo cierto es que la melancolía domina la psique y desde ella doblega la emoción y erosiona la voluntad, hasta dejarlas reducidas a su absoluto dominio. La melancolía es un pensamiento oscuro e insatisfecho que acaba por apoderarse del sistema entero y termina matándolo. Y da lugar hasta a una suerte de inspiración patológica que se ha confundido con el romanticismo y la nostalgia de los poetas o de los músicos. La nostalgia es otra vibración. Es un hueco especial que el alma conserva para lo sublime. Una aspiración hacia la plenitud. No nace de la frustración ni del odio ni del rencor, sino de la sensación finísima de la espera de algo muy grande, muy noble y muy feliz. La nostalgia no es una maldición frustrante como la melancolía, sino una plenitud intangible, por eso ha dado lugar al encuentro profundo de la mística, a la belleza de la creación artística, al éxtasis y la expansión de la conciencia a niveles superiores, a las intuiciones de la ciencia y de la filosofía. A las obras sociales sin lucro y benefactoras. Al proyecto existencial que toca estados de conciencia mucho más evolucionados. Al amor verdadero. A ese que nace de una aspiración altísima y verdaderamente "romántica". Un amor que cuando encuentra el cauce adecuado hace milagros. Cambia todo. Sana todo. Impulsa lo mejor a su alrededor. Hace del placer corriente una joya viva de otra vibración sensual, mucho más pura, hermosa y viva. Una fuente inagotable de felicidad serena.
La fertilidad de la nostalgia acompaña a la madurez y la embellece tanto que es la mejor juventud que se puede vivir.

Sería estupendo que las películas, las canciones, los relatos y novelas, el teatro, la poesía y la música nos acercasen a esos estados de excelencia, que nos diesen pistas y herramientas para poder acceder a ellos, en vez de regodearse en el sufrimiento perenne, en la frustración, en el pozo de aguas fecales de la melancolía, tan inútil y bloqueante como un trauma freudiano sin solución. Un agujero negro en la sensibilidad, que nos hace tan egoístas como para olvidar que nuestro "sufrimiento" no es nada comparado con el de quienes no tienen nada y mueren en el abandono real después de una vida de esclavos o mendigos. Ya es hora de que sepamos quienes somos más allá de lo que nos han contado. Ya es hora de que experimentemos el señorío sobre nuestras pulsiones y herencias programadas. De que pongamos a nuestro ego en su sitio y no le dejemos nunca más el dominio morboso sobre nuestro reino personal, del que sólo el equilibrio entre espíritu y materia, es el gobernante único capaz de hacer el mejor trabajo gestor.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Estamos llegando


Veo que el tiempo se acelera con la proximidad del cambio energético de la humanidad. Ya lo tenemos en marcha. La energía humana se debe poner en el mismo nivel de revoluciones que la del planeta y la de la galaxia. Es el momento del gran cambio anunciado desde hace milenios. Todo el mundo está esperando cataclismos, pero no son los cataclismos los que nos están cambiando, porque esos fenómenos son producto de nuestro paso por la Tierra. Hemos sido nosotros a través del tiempo, quienes no hemos comprendido la trascendencia evolutiva de nuestro camino en la materia. Y hemos creído que la naturaleza estaba ahí como fuente de depredación, no ya para subsistir en simbiosis con ella, como hubiese sido lo normal, sino como un depósito de bienes que parasitar, deteriorar, intoxicar y destruir. Por cuya posesión se han hecho guerras, se ha asesinado en masa, se ha invadido y arrancado de cuajo cualquier riqueza que se ha ido encontrando. Fuese el oro, el hierro, el carbón, el agua, el petróleo, el uranio, el gas, los caladeros de pesca, las selvas y sus maderas, los cafetales o las cañas de azúcar, el trigo, las piedras y minerales preciosos, etc...
La consecuencia directa han sido las crisis, las hambrunas, la desertización, las pandemias, el holocausto, el racismo, el enfrentamiento cultural y religioso. Las conmociones sísmicas o climatológicas provocadas y alimentadas por el terror que ha producido la compraventa de la falsa ciencia puesta al servicio del dinero y del poder que da el dinero. La división estúpida en "clases"sociales, ignorando la prodigalidad de la naturaleza que pone inteligencia innata o la suprime en cualquier "clase" o casta. Porque para ella no hay castas ni especies, sino individuos, focos energéticos de conciencia individual experimentable desde dentro. Y con unas consecuencias, fuera, en el mundo relacional y físico.

Ahora es el tiempo de las despedidas. Muchísmas personas se están yendo porque es el momento de evolucionar o partir para aprender a evolucionar en otras dimensiones menos o más veloces. es muy importante que sepamos entender este momento, para que el dolor del apego no rompa el equilibrio del realojamineto universal.
No estamos solos. No somos el resultado de ninguna casualidad. Somos causalidades. Pedazos del puzle consciente de la Vida eterna. La vida es eterna. La vida es la respiración del Dios que entre todos somos. Por eso, no deberíamos temer las despedidas, porque en realidad no existen. Cada experiencia vital en el tiempo es un paréntesis en la ecuación infinita de la eternidad.
El cambio es necesario. Imprescindible. Con tan poca cobertura como tenemos ahora, no podemos escuchar ni percibir lo que debemos comprender y reconocer - "sabemos" demasiado y desconocemos casi todo- para poder seguir evolucionando al ritmo que pide el universo en transformación. Muchos, miles o millones, se están despertando simultaneamente del sueño de siglos, como bellas durmientes narcotizadas por la publicidad, los tópicos, la rutina, los hábitos heredados, los dogmatismos, etc... La red cibernética que ha sido creada para controlar el pensamiento y la voluntad humanos, para domesticar y neutralizar la inteligencia, - no olvidemos que su origen fue militar en los USA- ha sido, por el contrario, el vehículo con que Dios, o la energía infinitamente omnisciente, está expresando su rostro comunitario, explicando en la práctica que la verdadera democracia es la inteligencia repartida entre hermanos. Entre iguales. Que no hay más jerarquía que la bondad inteligente del amor. Eso que hemos dado en llamar solidaridad. Es esa fuerza imparable la que está moviendo las bases sociales del planeta, reescribiendo la historia en otro lenguaje nuevo. Es exactamente , la "Ciudad Santa que baja del cielo", y que describe el libro de la Revelación de Juan, el discípulo de la luz. El que pudo ver y leer en el notiempo. Por eso no hay lugar para el miedo ni para el terror en medio del cambio. Nada está suelto ni sin sentido. Otra cosa es que los ciegos voluntarios no vean y los sordos selectivos se nieguen a escuchar la música de las esferas del cambio. Por encima de cegueras y sorderas, la Ciudad de Dios ya está en marcha, ya tiene constructores, albañiles, maestros de obras, carpinteros y ceramistas. En cambio ni fontaneros ni electricistas so ya necesarios. El agua mana en el interior de cada uno y la luz ilumina desde el centro interno conectado con el TODO. Sólo hay que asistir a cualquier asamblea de barrio, a cualquier concentración noviolenta y creativa, para darse cuenta de que no hay ni un solo obstáculo que pare la gran obra de la reconciliación fraterna. Del mano con mano, del hombro con hombro, del codo con codo. Un mundo nuevo e imprevisible, como el estado de milagro, ya está funcionando entre nosotros. Cada vez hay menos desconfianza, menos miseria psíquica, menos motivos para especular, abusar, mentir, agredir y oprimir. Es el fin de la esclavitud y el comienzo de la verdadera libertad. El tiempo lo irá revelando y demostrando sin que nadie ni nada, pueda evitarlo. Enhorabuena por estar aquí y ahora.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Diálogo para besugo y periodista al borde del shock

Si podeis no os perdais una estrevista reveladora en Catalunya Radio, donde Manel Fuentes ha entrevistado a Vicenç Navarro sobre la reforma de la Constitución y el déficit. El enlace está en El País de hoy. No tiene desperdicio. Los twitteros anti reforma -sin la menor reflexión al respecto y estoy segura que sin haber oído el inútil y vacío empeño del periodista y la verborrea igualmente vacía e inútil del "profesor"- se han tirado a la yugular del entrevistador, hasta tal punto que Fuentes se ha visto obligado a retractarse, no de lo que ha dicho, sino de cómo lo ha dicho. Es cierto que le ha faltado aplomo para lidiar con el morlaco del embrollo, es cierto que la paciencia se le ha agotado en el intento, pero es cierto también que ha tenido motivos más que suficientes para perder los papeles y la paciencia. Don Navarro es un peso pesado, pesadísimo, mamotrético, y mamotétrico, engolado, pomposo e inhábil retruecanista del leguaje, aburre y repite más que una cena a base de fabada con guindillas y para colmo se dice y se desdice constantemente. No sé si la cosa es así de nacimiento o ha sido un vicio adquirido en los EEUU, donde afirman que ha sido profesor y asesor de la Clinton in illo tempore. Tan illo tempore que ya casi sea imposible que existan documentos reales y no inventados, que corroboren tal asesoría. Aunque vistos los existosos resultados, es muy posible que fuese cierta.

No tengo ni idea de por qué la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona ha podido contratar a semejante elemento como profesor de economía. Incapaz de responder concretamente a lo que se le pregunta, sin pasar por la repetición de la misma frase inentendible, un mantra en el que el orden de factores altera el producto constantemente e impide que el conjunto de palabras construyan el contexto fónico de un sólo pensamiento, de una sola idea coherente que trasponga el umbral del propio mantra persistente e inconexo, como si se hubiese rallado el vinilo antiguo de un discurso absolutamente imposible hasta en su sintaxis-ficción.
Don Navarro es un plasta profesional y además nos deja patidifusos en cada intervención virtual -¿por qué no acude in person a las entrevistas?- lo mismo que en sus textos on line, donde sólo repite los titulares de la prensa como argumento y cada vez que le preguntan, se sale por la misma tangente. Cero ideas. Cero aportaciones útiles. Y sólo el mantra pseudo indignado, que no sabe ni qué significa. Como un Fray Gerundio de Campazas despendolado, al mismo tiempo que afirma, niega lo afirmado y viceversa. O sea, no quiere que haya déficit, pero tampoco quiere que se suban los impuestos a las empresas más fuertes, ni que se pierda el estado de bienestar. Aunque afirma que quien tenga más pague más. Quiere que no disminuya el gasto público pero que no haya control del déficit, es decir, que la democracia signifique el derecho de pernada del gasto público y privado. Y que el sector privado se prive del todo y no se compre ni una gominola para no aumentar el déficit del Estado, que por otra parte no debe tener déficit, sino todo lo contrario. El desmadre. El circo de Manolita Chen acompañado por la Banda del Tío Honorio, unido al sermón del párroco que pide donativos para el altar de San Roque y su perro, a las puertas de la sede del PSOE y haciéndole pedorretas al PP desde la acera de enfrente y todo eso, por supuesto, llevado a referéndum, porque para eso somos demócratas y pagamos tanto como los suecos y poco menos que los del Kurdistán, que están la mar de puestos en eso de la democracia. Vaya tela. Y encima el pobre Fuentes teniendo que disculparse por perder la paciencia y el buen tono. Francamente, yo le condecoraría por haber resistido hasta el fin del desbarre telefónico y no haberle dicho desde el primer patinazo, que quién le había dado la cátedra y en qué concurso de DEC le concedieron la licenciatura un viernes de dolores, en la madrugá de las pesadillas.

Don Vincenç, porfa, vuélvase al Circo Americano de los USA y deje de usarnos como trapecio de sus saltos mortales sin red. Usted tiene de experto en economía lo que la belleza viril de Rajoy tiene de Paul Newmann o lo que el cerebro de Cospedal tiene de Rita Levi Montalcini. O sea, nada. Y no deje para mañana el viaje transoceánico que pueda hacer hoy.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Almodóvar el sólito

Desde que acudí hace la tira de años al cine, para ver Mujeres al borde de un ataque nervios juré que no volvería jamás a ver otra peli de Almodóvar. Cada vez que volvía a encontrar por el camino otro de sus títulos tan sugestivos como los de los culebrones, volvía a reconfirmarme en mi fe y en mi instinto de supervivencia. A pesar de que en el entorno mi imagen "intelectual" y vanguardista perdía glamour a chorros. "¿Pero cómo es posible, que tú, pecisamente, manchega como Almodóvar, no te intereses por su obra?" "¿No me digas que no has visto Atame o Todo sobre mi madre? " , "es un genio, sabes".
En fin, una es prudente, normalmente, tal vez, más da la cuenta. Siento un pudor y una especie de compasión difusa cuando escucho ese tipo de comentario y contemplo la rara fusión alquímica que se produce entre la vulgaridad y sus compadres y comadres. Y esa percepción me frena. Me recomienda un silencio respetuoso y protector hacia criaturas indefensas ante el imperio del tópico, de la mercadería de las tripas disfrazadas de inteligencia y de genialidad inventada prêt a porter. Del tufo a queso manchego en aceite rancio o la textura de berengena de Almagro pocha, que te pretenden vender como si fuese una exquisitez cinéfila de El Bulli, con un Ferrán Adriá sentado en silla plegable y con batuta de ¡clack, se rueda, please!

Sin más prolegómenos lo afirmo, como en un auto de fe: el cine de Almodovar no sólo no me gusta, es que su obra me repele de un modo absoluto. Me produce una extraña sinestesia entre caricatura, encanna de noche, anarosaquintana, belenesteban, marujeo,freud en versión alaska, vulgaridad, mister bin, el trenillo de la muerte con su bruja, los escobazos y sus calaveras fosfi, telecinco, dec, estulticia gravis, repelús, dentera, terelu, matamoros y horror show pasados por calzada, la cuna de las perrunillas, del pisto y el asadillo, de las lisístratas y aldonzas engolfadas en el cotilleo por las esquinas, mientras sacuden las migas de las bolsas del pan y ponen a sus hombres a parir. Es decir, que esta nueva entrega de su feuilleton particular -toda la producción almodovariana es una misma película interminable, un contarse a sí mismo, como un Woody Allen, pero campocalatraveño cutre fashion- es un paso más hacia esa nada de nada con que mi ilustre paisano se regodea y se parte de risa a costa de la intelectualidad. Almodóvar es un Sancho Panza de los pies pensantes a la cabeza superstar. Realmente y sin saberlo, Almodóvar es al cine lo que Gurdjeff era la literatura de anticipación. Un profanador vengativo. Y es que cuando alguien intenta algo y no lo consigue, la obsesión por demostrar que aquello que se persigue no vale nada, es ridiculizarlo y divertirse en el proceso. Intentar seducir a la elite desde la contraelite. Humillarla. Es ir como un donjuán tras la virtud de Doña Inés para que , una vez seducida, se convierta en un icono de su poderío conquistador y dejarla transmutada en putón verbenero, en moza de taberna, gracias a su maestría.
Sin embargo, al final, es siempre Doña Inés, por encima de la furia misógina de todos los donjuanes, la que termina por salvar el alma desvencijada e irreconocible, de cada tenorio trasnochado. De cada Almodóvar en rebote continuo contra sí mismo.
Y Doña Inés, la madurez, la inocencia que nunca se perdió, la bondad y la belleza que brillan en otro horizonte. La inteligencia que no necesita más demostración que el soplo lúcido de la sencillez. El anima que se empareja con el animus y celebra las bodas del equilibrio.

Pues eso, cuando Almodóvar encuentre a su Doña Inés dentro de sí mismo, entonces, me apuntaré, la primera, a sus películas. Me convertiré a su causa. Mientras tanto, me quedo con el cine ligero y dulce, de las sábanas blancas.